Bandurria el Perú no conocido

El fundador de La Tarumba, Fernando Zevallos Villalobos presenta “Bandurria”. El reconocimiento al Perú, que no sale en los paquetes turísticos de viajes, pero que se esconde allí para ser descubierto.

Escribe Fernando Ferreyros Barrantes

Una carpa enorme en el área de un centro comercial en el distrito de Chorrillos, al sur de Lima, Perú. La expectativa de muchos niños pequeños y adultos empieza a combinarse con olor a canchita (pop corn), algodones de azúcar, los colores de luces tintineantes y la música rimbombante nos envuelve en un ambiente circense. Estamos en La Tarumba y muchos se preguntan qué sorpresa tiene este año la reconocida escuela con “Bandurria”, su puesta en escena.

Fernando Zevallos Villalobos fundador y emblema circense nacional, cuenta que la trama evoca un tributo al Perú, una composición de las tres regiones hilvanadas en una historia. Su voz es apasionada cuando manifiesta cada detalle escénico, los lugares que ocupan los actores y ¿por qué? Luego narra cómo su afición por la patria hizo que conozca lugares que ni siquiera aparecen en el mapa, pero que están ahí hace mucho tiempo.

Se abre el telón

Corría el año 89, el naciente grupo artístico La Tarumba presentaba “Cállate Domitila” en un colegio cooperativo de Jesús María. Los palcos eran el piso de una cancha de fulbito y la música sonaba de unos parlantes. Con su disfraz de payaso y su voz chillona nadie hubiera pensado que el actor de la cara pintada hacía dos años habría representado a uno de los villanos que intentaba asesinar al protagonista en la taquillera película nacional “La Fuga del Chacal”. Antes había protagonizado y dirigido obras teatrales junto a los reconocidos promocionales Edgar Guillen y Alberto Isola.

Tu relación con la escena tiene bastante tiempo, pregunto, ¿y con el circo? Sonríe y se arregla la chalina azul que se ha puesto por el intenso frio y rememora: “Mi familia siempre ha sido aficionada al circo. Me cuentan que mi madre embarazada me llevaba al circo”.

No recuerda exactamente cuándo comenzó a involucrarse con las carpas. “Pero cuando tomé conciencia, el circo era como mi casa”, evoca. De niño se metía detrás del escenario observando cómo se preparaban en los ensayos. Recuerda que una de las carpas peruanas que le fascino fue la del Circo África de Fieras en los años sesenta. Su empresario, Enrique Basurto, le tomó estimación y daba ingreso libre incluso antes del estreno. ´Esa escuela fue mi Alma Mater´, refiere.

Basurto gustaba de armar un circo de nivel con espectáculos que nunca olvidó Fernando, como los malabares con los pies (antipodismo). Agrega que este año tendremos a un artista venezolano, Ángel Vivas, para que vengan a ver este clásico después de mucho tiempo.

Otro número que quedó en su memoria fue el número de escalera de equilibrio. ´Había un personaje en el África de Fieras que hacía un espectáculo de otro planeta, ponía la escalera de equilibrio sobre sus pies en un taburete y subían sus hijas para hacer equilibrio arriba y todo sin sistema de seguridad y yo soñaba con estar arriba´, sonríe  tocándose la barba.

“Es bonito que te reconozcan”, refiere el buscador y formador de talentos, que ya tiene tarumberos en varios circos famosos del mundo en plazas como Estados Unidos, Francia y hasta en China.

La reputación del buen trato a su gente le trajo alianzas con espectáculos internacionales. Nos cuenta que los artistas extranjeros que visitan o trabajan en La tarumba quedan muy contentos por la preocupación por el espectáculo y el arte.  Uno de los que quiere volver es el norteamericano Caleb Carinci, equilibrista ecuestre que el 2015 estuvo en nuestro país.

Perú en el escenario

Bandurria es un lugar arqueológico al sur de Huacho, casi tan antiguo como Caral con una estructura circular que asemeja a una pista de circo. Mientras, las bandurrias son coloridas aves de pico largo como el dios ibis, que emiten sonidos estridentes, casi metálicos y representan la búsqueda del hombre por volar. De estas características nace su conexión con el circo.

“El espectáculo de Bandurria es una celebración del Perú, de ese otro Perú que no presentan en los medios de comunicación. El país tiene una tradición prehispánica muy rica, una comunión del hombre con la naturaleza” acota Zevallos. Es inevitable no hablar de los huaycos que azotaron el país, y entre líneas nos cuenta que esta situación influenció en parte del armado de la puesta y del nombre.

Huancavelica, el lugar más pobre del país, también tiene presencia. “Por el abandono no ha habido mucho manoseo de la cultura, a nivel de imagen, de vestuario, de costumbres”, afirma, y específica que encontró un potencial en la Nación Chopcca, una cultura que vive arriba de los 5,000 metros de altura, que mantienen la idea del trueque,  dominadores de caballo y con costumbres de hace cien años.

Los chopccas son parte del espectáculo. Gabriel Hilario, un auténtico chopcca, sale vestido de danzante de tijeras montado a caballo reivindicando su raza. Él fue traído por su padre a la escuela, donde se convirtió en un acróbata, que ya tenía un pasado de danzante de tijeras y cuyo traje tiene una tradición.

Complicidad reluciente 

Junto a Zevallos nos acompaña Ruth Alcalá, diseñadora de los trajes que se ven en el espectáculo desde hace seis años. Ella interviene diciendo que “las tradiciones se han respetado, sin agredirlas”. Añade Zevallos que en otros trajes se tomó un poco más de libertad en sus decoraciones como los ropajes de la costa.

Zevallos y Alcalá cuentan que el traje de la bailarina de marinera parece una pieza de arte en escena, y por ello, a la vestimenta de su acompañante se tuvo que agregar algunas aplicaciones para que haga contrapeso. Mientras los trapecistas de la selva visten con iconografías elaboradas con aplicaciones con brillo en pedrería en tela de color crudo, que se distinguen a gran altura.

Sonidos del circo

Las luces y los brillos son acompañados por una orquesta versátil de músicos. En este campo, La Tarumba innovó en el armado del espectáculo. Desde el primer día todo el elenco ensayó al mismo tiempo en la carpa desarrollando cada parte de la función. “Con la misma idea y objetivos, por un lado estaba Chebo (Ballumbrosio) con los músicos, y yo  con los actores”, recuerda.

Cuenta que los ensayos comenzaron con la escena de los Negritos, que se encuentra al final de la primera parte del espectáculo, con diecinueve actores, que es la mayor parte del elenco en las tablas de “Bandurria”.

En escena apreciamos esa puesta donde se fusionan acordes y acrobacia. Un actor se lanza hacia un trapecio mientras las notas musicales de un festejito es tocado por la banda con la sincronía del reloj. Similares sensaciones y sentimientos producen que los presentes pasen del silencio observador a la ovación prolongada. En ese momento recuerdo lo conversado con Fernando Zevallos y me doy cuenta que tenemos un circo profesional en nuestro país.

Detrás de la carpa

“Talento hay, lo que faltan son escuelas de formación. Lo que me gustaría es que se cree la Escuela Nacional de Circo”, esboza el soñador que transforma en realidad sus sueños y los pone en marcha. Y estan materializándose. Hace meses, unos jóvenes, hijos y nietos de actores circenses le presentaron la propuesta.

Zevallos garantiza que este es el momento. Por ello, la iniciativa podría ser presentada a los parlamentarios del Congreso de la República, un escenario más serio. Espera además que la propuesta ciudadana tenga eco en el Ministro de Cultura, Salvador Del Solar, que conoce de cerca la realidad de la informalidad en buena parte del sector artístico.

 

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Podrás seguirnos por medio de nuestras redes sociales y estar al día con nuestras actividades.

SÍGUENOS

CONTACTANOS EN:
Calle Carlos Ferreyros Nº 960, Of. 301 - San Isidro
Teléfono: 386 7850
Email: revista@cocktail.pe