Carlos Hernán González

Uno de los talentos más destacados del piano actual es peruano y vive en París. Esta es su historia.

Escribe Omar Amorós (*) / Fotos Nick Gutierrez

¿Qué es lo que hace que una persona con un gran talento artístico deje su país natal? Estudiar, prepararse, tener más oportunidades de trabajar en  lo que le gusta, pero sobre todo conocer el mundo, perderse primero para luego encontrarse después. Eso le pasó a Carlos Hernán González un eximio pianista peruano cuyos estudios en Estados Unidos y experiencia musical en Francia lo han hecho consciente de su talento y de lo que quiere dar y dejar al mundo.

Cuando era muy pequeño, Carlos Hernán González descubrió, asombrado, a la abuela interpretando a sus clásicos favoritos en el piano de su casa. Esa primera emoción y el encuentro con la música, sirvió para que les pidiera a sus padres que lo inscribieran en clases de piano. Al principio, como todo estudiante que gusta de un instrumento, solo tocaba leyendo partituras, no se le había cruzado todavía por la cabeza la idea de ser músico, pero a los quince años empezó a componer y se dio cuenta que el piano tenía que ser algo muy importante en su vida. Alternaba sus clases escolares con las clases de música, y al acabar el colegio sus padres lo enviaron a Estados Unidos a estudiar Industria de la Música en la Escuela de Música de Miami, uno de los mejores centros de enseñanza del mundo, de donde se graduó en Major Music y Management  Administration.

Fue durante su último semestre de estudios que tuvo que realizar prácticas, y consiguió hacerlas en Sony Music, donde lo contrataron para trabajar en el departamento de relaciones públicas al terminar su formación; ahí vivió la época de mayor esplendor de artistas latinos como Ricky Martin y Shakira a los cuales armó ruedas de prensa y trabajó en sus campañas de difusión, pero lo que realmente quería era hacer música: no estar en el lado del business, sino en el lado artístico. Fue entonces que a mediados del año 2000 se propuso perfeccionar su técnica y desarrollar más su repertorio para poder dar conciertos. “Ya tenía muchas composiciones, pero es diferente cuando las pules para mostrarlas y tocarlas al público. Para hacer eso me regresé al Perú, porque quería regresar, sentía un llamado. Regresé al país en febrero del 2001” nos cuenta.

De La Ciudad de los Reyes a La Ciudad Luz

Ya en Perú se puso a perfeccionar su técnica con la maestra del Conservatorio Nacional De Música, Marina Ferreyra, y con ella empezó a concentrarse solo en la música. Su primer recital ante un público abierto fue en julio de 2002 en el auditorio de la Alianza Francesa de Lima. En octubre del 2002 escogió y tocó el repertorio para una obra que hizo también la Alianza Francesa bajo la dirección de Ruth Escudero y al año siguiente brindó otro concierto.

En 2005 se fue a París para realizar estudios de armonía moderna y así explorar nuevas fórmulas. Terminado esto empezó a trabajar a su propio ritmo. Empezó desde cero a hacer contactos -porque no conocía a nadie-, tocando puertas y, con la intervención que el destino tiene preparado para los que nacieron con el don de la música, empezó a tocar en pequeños lugares sus propios temas, nunca covers ni música clásica. “No quiero decir que es más fácil, pero es más rápido organizar un concierto en Europa y sobre todo en Francia con las bases de Chopin, porque ya lo conocen, incluso ahí hizo su carrera principalmente; además el público no va a escuchar al artista sino a Chopin”, confiesa.

Lo de González más que música clásica es música clásica pop (como él denomina a su estilo), es decir, una mezcla entre sus piezas para piano y las canciones que compone. Su constancia se aprecia en cada espectáculo que brinda en vivo, como el que ofreció el verano pasado en el auditorio de la cancillería, en Lima. Sus melodías se funden con la energía del momento y el público agradece de pie por la experiencia que vive con cada nota. Entre sus varios temas, el músico destaca “Mine”, o “Versailles”, que además se pueden encontrar en su canal de YouTube que cuenta ya con una legión de seguidores de varios países. Nos cuenta que la industria musical ha cambiado muchísimo, que hace quince años sí o sí necesitabas de un manager, pero hoy en día hay tantas cosas que se hacen con internet que ya no lo necesitas del todo, por lo menos él está bien así, y maneja su carrera a su ritmo, entre París y Lima. En febrero tocó piezas compuestas exclusivamente para una obra de teatro en Paris junto a las afamadas actrices francesas Claire Deluca y Anne Richard, (ya lo había hecho antes pero para una función privada meses atrás). Espera que se hagan más funciones de la misma.  Para lo que resta de este 2018 seguirá entre Paris y Lima difundiendo su arte en vivo y gestionando una próxima producción discográfica siempre con temas de su autoría. Larga vida a su música. //

* Periodista

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