Cattone vida y pasión

Osvaldo Cattone es amor, pasión, constancia, paciencia, glamour, fama y El Marsano. Nacido en Argentina, es más peruano que la papa y el pisco gracias al teatro. Más de cien producciones teatrales y 80 años de vida, la mayor parte dedicada al arte, hacen de este hombre uno de los principales impulsadores del teatro en nuestro país.

Escribe Carlos Omar Amorós*

Cattone, primera figura del teatro nacional, reconocido hace poco por el Congreso de La República por su destacada trayectoria artística, asume por estos días el reto de interpretar a uno de los personajes más exigentes que le tocado hacer en su prolífica carrera. El destacado actor interpreta a André, un hombre mayor afectado por alzhéimer que va perdiendo su identidad conforme avanza el deterioro  de su memoria, en “El Padre”, premiada obra del autor francés Florián Zeller. Para ello el talentoso actor sale temporalmente de su querido teatro Marsano y se pone en manos del destacado director Juan Carlos Fisher para interpretar el papel protagónico en el Teatro La Plaza; lo acompaña un gran elenco compuesto por Wendy Vásquez, Rómulo Assereto, Montserrat Brugue, Oscar López Arias y Michella Chale, quienes  mostrarán el complicado contexto que viven las personas afectadas por esta enfermedad, así como el impacto que tiene en sus familias y su entorno.

“soy un privilegiado”

A diferencia de su nuevo personaje, el veterano actor está lejos de perder la memoria, recuerda cada detalle de su vida como si fuese ayer. “Yo soy un privilegiado porque podría haber nacido en Nigeria, podría faltarme una pierna, podría tener un cáncer, pero he llegado a la vejez entero, vital y con memoria”, palabras que lo resumen como la persona jovial que es. También nos cuenta cómo llegó “El Padre” a su vida: “Un día vino a visitarme Juan Carlos Fisher y me dijo léeme esto y dame tu opinión. Leí la obra y me quedé desconcertado, era una obra sobre el alzhéimer, pero contada desde el punto de vista del enfermo, de cómo veía el mundo. Le dije que me encantaba y Fisher me preguntó: ¿la quieres hacer conmigo?, y yo le dije claro, porque no”. “El Padre” le pareció maravillosa y él está simplemente feliz.

Su vida

Nacido en Buenos Aires, desde temprana edad participó en diferentes obras de teatro. En 1954 viaja a Italia donde ingresa a la Accademia Nazionale di Arte Drammatica Silvio D’Amico, siendo el primer actor sudamericano que egresa con diploma después de cumplir cuatro años de estudios en la academia. En la década de los sesentas volvió a Argentina y participó en diversos  montajes de conocidas obras. En 1970 participa en la novela “Una vida para amarte” y en la serie “Carola y Carolina”, y fue en 1971 cuando co-protagoniza las novelas “Nino” y “Así amaban los héroes”, que se hace conocido en el Perú. En 1973 viaja al Perú para co-protagonizar la telenovela “Me llaman Gorrión” junto a Regina Alcóver, desde ese año se queda a vivir en Lima, y a la par empieza a dirigir y actuar en obras de teatro. En julio de 1976, se le encargó la dirección del Teatro Marsano y monta la obra “Aleluya, Aleluya” para la inauguración del mismo.

A través de los años ha dirigido y actuado muchísimas obras en dicho teatro. Entre algunos títulos tenemos: Otelo, El Hombre de la Mancha, Doña Flor y sus dos maridos, Annie, Escenas de la vida conyugal, Un don Juan en el infierno, Brujas, Taxi, Los monólogos de la vagina, Justo en lo mejor de mi vida, Cómo vivir sin un hombre y no morir en el intento, Duelo de ángeles, La Heredera, Querido mentiroso y El té de las cinco.

“El tiempo me dio la razón”

Cattone recuerda que durante los ochenta los teatros estaban llenos en su mayoría y eso que había varias salas no tan cómodas como las de ahora, eran épocas en las que los actores eran íconos del público, como Elvira Travesí, Lola Vilar, Orlando Sacha y Luis Álvarez. Él hacía temporadas largas, en su mayoría de un año. Ahora nada de eso existe, sencillamente porque no hay público. “Creo que sucedió una bifurcación de la forma de entretenerse del público. Antes no había casinos, y yo considero que el juego es un mal endémico de la población. Hay gente en las salas de juego a cualquier hora. Una vez una señora en la calle me dijo: Cattone antes yo iba a verlo siempre al teatro, pero ahora han puesto un casino al frente de mi casa y esa plata la gasto allí, me divierto más. Me cambió por un cartón”.

“El tiempo me dio la razón”. Se puede y debe vivir del teatro, nos recalca. “A mí me condenaron en su momento por hacer obras comerciales como Taxi,  Doña Flor y sus dos maridos, entre otras;  y ahora, grupos que se hacen llamar culturales hacen este tipo de obras. Pero yo sabía que solo era cuestión de tiempo.  Lo que pasa es que no existe un teatro comercial o un teatro intelectual, solo existe el teatro mal o bien hecho, nada más. Lo difícil es ser un actor con vocación y tener una carrera de verdad a lo largo del tiempo”. Llegamos a la conclusión que se cree que existe un boom teatral porque ahora se habla más de teatro en las revistas o los diarios, pero sobre todo en las redes sociales. En la actualidad existe muchos talleres de actuación e incluso en las universidades o institutos se pueden especializar en alguna rama del arte teatral como luminotécnico, escenógrafo o director. Entonces al hablarse de teatro pareciera que hay un auge, pero no es así, no significa que vaya más público a las salas.

Está convencido que las producciones teatrales en general son mejores que antaño, que se invierte más, pero hay menos público. “Es mentira que el teatro es exitoso, que hay un boom teatral. No sé quién inventó eso, es un desconocimiento total de la realidad”. “Lo que hay es gente que quiere ser actor o actriz porque quiere ser estrella y por eso estudia teatro, cine o televisión. Lo difícil es ser un actor con vocación y tener una carrera de verdad a lo largo del tiempo”, sentencia. Osvaldo también escribe, le gusta mucho hacerlo. Colabora de forma continua en la revista de Susana Jiménez, (la conductora argentina es gran amiga del director). Ha publicado tres libros (novelas de ficción), pero no piensa escribir sus memorias, por lo menos por el momento. Actualmente lo podemos ver y sentir en “El Padre”, la que puede ser la última de sus actuaciones. La temporada va hasta el 12 de setiembre de jueves a martes en el Teatro La Plaza de Larcomar.

 

 

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