Clase Maestra: La historia

Es la convención de bartenders más importante de la región. En este artículo de Sergio Rebaza conoceremos un poco de los inicios de este sueño hecho realidad.

Escribe Sergio Rebaza* / Fotos Jaime Cuellar

La idea inicial fue capacitar a los bartenders nacionales. Dictar unas cuantas conferencias o clases maestras sobre coctelería a los jóvenes bartenders que por ese entonces se insertaban en el creciente mercado gastronómico de la capital culinaria de la región. Los temas que se escogieron en ese entonces fueron muy prácticos: el negocio del catering, nociones básicas de coctelería molecular. Uno ve las fotos de aquella primera edición, y cuesta creer que estamos hablando del mismo evento que este año celebrará su sétima versión.

Era el año 2012. El boom culinario había cumplido ya una década; por todo Lima se abrían nuevos restaurantes bajo la exitosa fórmula de la cocina fusión. En los bares se multiplicaban las posibles combinaciones del pisco sour y el chilcano con el uso de macerados. La maracuyá y el jarabe nunca estuvieron más presentes en las barras y mesas limeñas. Como peruanos, nunca nos imaginamos que el 2018 iríamos al mundial, como tampoco se imaginaron Manuel y Franco en lo que se convertiría Clase Maestra.

Por eso, el 2012 marcó un antes y un después en la historia de la coctelería peruana gracias a los –por entonces– jóvenes bartenders que veían que nuestro país estaba perdiendo terreno frente a lo que se hacía en otras ciudades del mundo. Cabachi promovía la coctelería a través de la página en Facebook Amo Los Bares, mientras que Cigarróstegui asumía la dirección del bar Oceanus del Hotel Los Delfines, un puesto que siempre había sido ocupado por profesionales de mayor edad. Eran la vanguardia; el futuro de la coctelería.

Franco Cabachi recuerda el momento exacto en que surgió la idea de hacer este congreso. Fue el año 2011, en el marco del Lima Bar Show: “Notamos que algo no estaba bien”, que podían hacer algo mejor. Poco tiempo después, para celebrar el tercer aniversario de Amo Los Bares, organizaron un evento al que llamaron Clase Maestra. Curiosamente, lo que fuera un nombre ocasional, terminó por absorber, u opacar lo que motivó su creación. Clase Maestra había nacido.

Cabachi me cuenta esto sentados en un bar en Miraflores. “Curiosamente, la primera conferencia de Clase Maestra la dio ese que está sentado aquí al lado” me dice señalando a Aldo Chacón. A pocos metros, en el otro salón del bar, Marcos Blas prepara cocteles. Hoy, Marco, Franco, Manuel y Aldo son los organizadores de CM. Trabajan todo el año para coordinar todos los detalles de la siguiente edición. Y se ríen al recordar aquella primera versión. “La primera edición la hicimos en el Hotel Bolívar, en el Centro de Lima” comenta Manuel. “Empezó a las 11 de la mañana y terminamos a las 3.30 am con la ponencia de Tato Giovannoni”.

“La primera edición la hicimos en el Hotel Bolívar, en el Centro de Lima” comenta Manuel. “Empezó a las 11 de la mañana y terminamos a las 3.30 am con la ponencia de Tato Giovannoni”

El suyo fue, también, un acto de rebeldía. Una forma de dar a conocer su inconformismo con lo que sucedía en las barras de Lima. Estaban en contra de los chilcanos y los sours. Con la información que manejaban, no entendían cómo podía estar sucediendo esto en la capital gastronómica de América. Sus referentes eran cercanos y por algo los invitaron a dar charlas en la primera edición: Tato Giovannoni y Daniel Estremadoyro. “Daniel era el único latinoamericanos jurado de la versión mundial de World Class”, explica Cabachi, “¡junto nada menos que a Dale DeGroff y Gary Regan! Daniel es peruano, ha hecho su carrera en Argentina. ¡Tenemos que traerlo!”.

¿Cuánta gente asistió a la primera edición? “Siempre dicen que llegaron 80, pero Manu (Cigarróstegui) prefiere creer que fueron 120”. ¿Contratiempos? “Ufff, ¡varios! Para empezar, nos pasamos del tiempo que habíamos acordado”, recuerda. Las redes fueron decisivas para que el éxito del evento, especialmente el Facebook. Cabachi tenía experiencia por su manejo de Amo Los Bares. Su convocatoria, a diferencia de ahora, que llegan delegaciones de todo América, llegaba a Barranca y Chincha.

El presupuesto fue irrisorio. Tuvieron que pedir prestada plata a su familia y amigos. Lo más caro: los pasajes de los ponentes que venían de fuera. “No creo que hubiera llegado a 5 mil soles”, dice Cabachi. Hoy, estamos hablando de más 100 mil soles. “Pero lo que más me frustraba era el apoyo de las marcas”, cuenta Cabachi. “En ese entonces era imposible que las marcas aportaran plata para financiar el evento. El soporte económico era muy complicado. Tienes que entender que todo lo hacíamos nosotros. Trabajábamos con nuestra parejas. Mi mamá hacía el café”, se ríe Franco. “Recuerdo que llegamos a dejar las cosas a mi casa, y todo para abrazarnos y decir, llorando: ¡lo logramos, concha su madre!”. ¡Salud por eso, muchachos! //
* Periodismo

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