De la parodia al rechazo social en ‘La Paisana Jacinta’

‘La Paisana Jacinta’ siempre es motivo de debate entre quienes discuten por la supuesta discriminación del personaje interpretado por Jorge Benavides. Básicamente, hay dos posiciones encontradas: la defensa de quienes minimizan la interpretación de Benavides al tratarse de una puesta en escena humorística y la indignación de quienes advierten que la Paisana Jacinta denigra a la mujer andina.

Si desmenuzamos ambas posiciones en sus elementos más básicos, llegaremos a la conclusión de que el debate se circunscribe en la sensibilidad de la audiencia respecto al humor televisivo y su capacidad de influir en la opinión pública en contra de determinadas poblaciones.

El humor es un término complejo, debido a que se trata de un concepto definido según condiciones de la audiencia y no por un significado en sí mismo. En buen cristiano, el humor no es universal, siempre depende de una audiencia que defina el concepto según elementos culturales que hacen del “humor” algo divertido.

Si nos damos una vuelta por la Real Academia Española, llegaremos al término ‘humorismo’ que se explica como el “modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas” y “actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios”. Ambas especificaciones coinciden en un discurso común de elementos culturales para la diversión del público. Presentar el ‘lado cómico de las cosas’ es recurrir a un repertorio de elementos comunes entre el expositor y la audiencia para coincidir en un mismo plano narrativo con el objetivo de lograr el humor.

Acerca de la capacidad de la TV para influir negativamente en la opinión pública en contra de determinadas poblaciones, hay que considerar que la audiencia es susceptible a todo tipo de mensaje que recibe desde los medios de comunicación. Además, los televidentes no forman un solo gran universo, sino que está fraccionado según diferentes sensibilidades respecto a lo que aparece en la caja chica.

Este universo nos lleva a considerar a quienes son susceptibles a determinados mensajes que pueden ocasionar cambios perspectivos sobre la realidad. No se puede suponer que todos los espectadores de la gran audiencia tienen el mismo criterio de evaluación sobre el contenido televisivo, por lo que se aboga por ciertas disposiciones legales para evitar que los programas de TV perjudiquen a la sociedad.

Lo podemos ver, por ejemplo, en la restricción de edad para determinado contenido televisivo. Los menores son susceptibles a ciertos mensajes, por lo que merecen una protección adicional. Los problemas empiezan cuando debemos actuar sobre qué debe ser censurado para evitar que la ciudadanía se vea influenciada por mensajes que complican la convivencia social.

Volviendo al caso de ‘La Paisana Jacinta’, el hecho de que un personaje genere gracia o risa entre el público no es sinónimo de un diagnóstico saludable del producto audiovisual. Como he desarrollado, el humor está basado en un sistema de códigos socioculturales para la identificación de ‘lo divertido’. El problema con la Paisana Jacinta es que ‘lo divertido’ viene a ser su actuación grotesca, sus insoportables modales de conducta e inteligencia limitada, propia de alguien que no tuvo acceso a una educación adecuada. Reírse de esos elementos es indirectamente una burla consciente sobre una situación penosa de la realidad peruana: el drama de quienes buscan en la gran ciudad una oportunidad, a pesar de sus limitaciones intelectuales y desenvolvimiento social.

Quizá alguien esté pensando en que exagero las cosas, pues la Paisana Jacinta no representa a la mujer andina, sino a un personaje en particular, inventado por el mismo Jorge Benavides. El problema con esta lógica es que no se está considerando el poder de la imagen en los medios de la comunicación, y menos teniendo en cuenta el universo de sensibilidades en la audiencia.

Siempre habrá críticos de lo que sea, eso es inevitable, pero no por eso debemos ser insensibles a la responsabilidad de los medios de comunicación por ofrecer contenido que no perjudique la convivencia social. El caso con la Paisana Jacinta es que ella está caracterizada con elementos distintivos de los aimaras dentro de la parodia de un choque cultural que sucede en la vida real, y el argumento se limita a las burlas contra el personaje. El problema con dicha parodia es la invisibilización del rechazo y sus consecuencias en la psique de quienes se han visto afectados por la discriminación étnica.

El objetivo es erradicar el comportamiento hostil que la ‘La Paisana Jacinta’ hace materia de risa desde hace buenos años en la televisión nacional, un tiempo suficiente para insensibilizar a la opinión pública hasta el punto de criticar la prohibición del Poder Judicial al personaje como una “medida dictatorial”. ¿Pero qué hay de la convivencia social en plena democracia sin estereotipos? Como dije antes, reírse de algo no es sinónimo de salud social.

 

André Suárez Paredes es licenciado en Periodismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú y máster en Dirección de Empresas de Comunicación de la EAE Business School de España.  Le interesan los temas sociales aplicados en la tecnología y en la historia del Siglo XX. También se dedica a escribir ficción, curiosidades y análisis en su blog ‘No hablemos de cosas tristes’. Actualmente, trabaja como redactor y ‘podcaster’ del programa Depor Play, la sección de tecnología del diario Depor, y como asesor comunicacional en empresas privadas.

Síguelo en: http://nohablemosdecosastristes.com

 

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