De las convicciones políticas a la TV emocional

El pedido de prisión preventiva por 36 meses contra la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, y otros diez implicados es la telenovela del momento. La opinión pública está muy atenta al desarrollo de la audiencia dirigida por el juez Richard Concepción Carhuancho, titular del Primer Juzgado de Investigación Preparatoria, debido a que sería un duro golpe a una agrupación política que alcanzó una mayoría histórica en el Congreso de la República.

Basta darse una vuelta por redes sociales para saber quiénes son los personajes del momento. El fiscal de lavado de activos, José Domingo Pérez, viene a ser el protagonista de esta novela en su lucha contra la corrupción representada -según escrutinio popular- por los abogados de la defensa, donde destaca Giuliana Loza, cuyo cliente es Keiko Fujimori.

Puedo señalar que la audiencia televisiva ya ha creado su propio discurso sobre el desarrollo del juicio, independientemente de si lo expuesto en escena viene a ser un sinsentido jurídico –como alega la defensa– o un caso comprobado de lavado de activos. Quienes desconocen el procedimiento judicial, están sujetos a evaluar el contenido televisivo del juicio a partir de sus emociones, de una idea vaga de quién merece ir a la cárcel a partir de lo que cree que es “lo justo”.

Y en este punto es donde me gustaría detenerme para reflexionar sobre cómo un evento televisado puede ocasionar discursos emocionales en la opinión pública, a pesar de las preferencias políticas del electorado nacional.

Una encuesta de Pulso Perú dio a conocer que el 77% de la ciudadanía no cree que Keiko Fujimori sea inocente del supuesto delito de activos, y solo el 12% cree que es libre de polvo y paja.

En el segmento A/B, el 81% cree en la culpabilidad de Keiko, mientras que el segmento C es de 79.4%. El segmento D, donde se creía que estaba el bastión naranja en las últimas elecciones, solo el 15.7% cree que Keiko es inocente.

Echando un vistazo a la segunda vuelta presidencial de 2016, Keiko Fujimori alcanzó el 49.88% de los votos frente al ex presidente Pedro Pablo Kuczynski que alcanzó la victoria con 50.12%. Una diferencia de fotografía para la ONPE, en la que Keiko disfrutaba de una popularidad de casi la mitad de la población.

Si bien la muestra de Pulso Perú es reducida a comparación del conteo de votos en 2016, la situación actual de Keiko Fujimori muestra que hubo un cambio desde la contienda electoral. El sinsabor de quienes lamentaron su derrota, en un ambiente polarizado entre “nosotros” y el “otro”, se ha convertido actualmente en un deseo de justicia contra la corrupción… pero que esconde algo más.

Sucede que dicho deseo es donde la transmisión televisiva del juicio contra Keiko Fujimori calza como anillo al dedo. Las emociones están a flor de piel, más aún cuando la cobertura periodística expone el proceso como un duelo entre ambas partes donde habrá un ganador y un perdedor, o es Keiko Fujimori o es José Domingo Pérez.

Si bien las actitudes políticas de Keiko a lo largo del actual gestión hicieron que pierda popularidad, pienso que la TV potenció aún más esta caída no por exhibir los argumentos legales en su contra -una línea de lógica muy técnica para la audiencia común-, sino por la narración de la caída de una líder política, de un espectáculo atractivo para las masas.

Cabe precisar que por espectáculo me refiero al sentido estricto del término según la RAE: “cosa que se ofrece a la vista o a la contemplación intelectual y es capaz de atraer la atención y mover el ánimo infundiéndole deleite, asombro, dolor u otros afectos más o menos vivos o nobles”.

De alguna manera, eso es lo que hace la TV cuando se introduce en espacios públicos para exhibir lo que está en escena. Se ofrecen personajes, tensión entre ambos y los conflictos bajo un halo de imparcialidad, pero que está diseñado para ser observado por la audiencia, para que atrape su atención. Siempre bajo la máxima de la imparcialidad periodística.

Lo que presenciamos, entonces, como la caída de popularidad de Keiko Fujimori no solo se debe al cambio de la opinión pública, sino también al espectáculo que ofrece la TV al dar cuenta de una desgracia que, a modo narrativo, siempre es más atractiva que las férreas convicciones del 2016.

Porque seamos sinceros que hay historias con las que hemos crecido desde siempre. La caída del poderoso, la victoria del personaje davidiano, los de abajo contra los de arriba… Esta dinámica, que hartas veces las hemos visto en películas y series, también se aplica en nuestra percepción de la realidad y están presentes en las narraciones televisivas, donde Keiko Fujimori es la antagonista que está por perder su libertad gracias al esfuerzo de los menos conocidos, de los menos poderosos, de fiscales que recién ahora tienen rostro.

Entonces pienso que hay algo más fuerte que las convicciones políticas: el temperamento de la ciudadanía que se alimenta de una TV emocional, imparcial por momentos y humana en sus narraciones.

André Suárez Paredes es licenciado en Periodismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú y máster en Dirección de Empresas de Comunicación de la EAE Business School de España.  Le interesan los temas sociales aplicados en la tecnología y en la historia del Siglo XX. También se dedica a escribir ficción, curiosidades y análisis en su blog ‘No hablemos de cosas tristes’. Actualmente, trabaja como redactor y ‘podcaster’ del programa Depor Play, la sección de tecnología del diario Depor, y como asesor comunicacional en empresas privadas.

Síguelo en: http://nohablemosdecosastristes.com

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