El criollismo, alma popular

Por: José Bracamonte*

La música peruana se distingue porque además de ritmo viene acompañada de color y sabor, sazón urbana y popular. El criollo de la época colonial representaba una élite conformada por hijos de españoles nacidos en América. Los herederos de la independencia fueron entonces los criollos. A  fines del siglo XIX nace lo que ahora en música conocemos como “criollismo”, llega el siglo XX y se funde con expresiones populares y querencias nacionales, como la fundación del Club Alianza Lima o la procesión del Señor de los Milagros. La fuerza del legado histórico de Perú, su carácter, sus costumbres, se mantienen en la música, son testimonio en el tiempo.

El criollismo siempre quiso simbolizar  al peruano. Le fue difícil porque el Perú ha ido pasando por una transición social muy marcada, la revolución militar de Juan Velazco Alvarado cambió para siempre la sociedad peruana, los migrantes transformaron el rostro de las ciudades, nace la “chicha” y se apodera del imaginario migrante cantando sus alegrías y pesares, pero el vals criollo se mantiene, ya no representando al país, sino formando parte de una nación multicultural. La música criolla es una fusión de los ritmos costeños, sin la melancolía y tristeza que los ritmos de la sierra pregonan en sus canciones. Compuesta por dos guitarras y un cajón, es una fiesta ambulante sencilla y de mucho movimiento.  Sumémosle las castañuelas y hasta las cucharas.  Sabrosa y popular. El elemento central de la música criolla es el vals, seguido por la  marinera, el tondero y la polca. Así nace la jarana y su compartir. Como ven, la gastronomía tiene una presencia fascinante en toda esta cultura. Entre los años 30 y 60, familias enteras armaban su domingo con la radio criolla, sintonizaban un género que había salido del pueblo y que pronto ya entraría a la televisión.

El 31 de octubre de 1944, y gracias a Juan Manuel Carrera y el presidente Manuel Prado Ugarteche, nace el “Día de la canción criolla”. Hacia fines de los 60´s aparecen las peñas, en donde se mantenía el legado de este género acompañado del ardiente pisco elaborado con las mismas lágrimas de las uvas. Los troveros criollos, Los Kipus, Los hermanos Dávalos, Los Morochucos, Arturo “Zambo” Cavero, Lucha Reyes y tantos grandes que le cantaron al Perú y a los peruanos, y que acompañaron almuerzos y reuniones, alegrías y soledades, cantándole al corazón y al ojo tembloroso de la nostalgia; al carnaval y a la política, con letras que en sus momentos cumbres eran siempre poesía, como las del poeta Juan Gonzalo Rose en la voz de Lucha Reyes. Cuántas almas han cantado esas canciones, cuántas se han fundido en sus letras.Fui adoptado por este género y tuve la suerte de conocer a don Oscar Avilés con quien compartí algunas historias; a Pepe Villalobos o Pepe Vásquez con quien hice un dúo en mi nuevo disco. Conocer a los hijos de los íconos del criollismo también me trasladó a los orígenes de la cultura popular, Oscar Pasache, Celeste Acosta, Lucy Avilés, Willy Terry, Milagros Guerrero, Guido Arce, criollos de ahora. Ellos mantienen en su corazón el sonido clásico de la música nacional. Somos herederos de una cultura popular que nos llena de orgullo y sacude nuestras emociones.

Mi último disco, “Afrodélico” (grabado entre New York y Lima), es el resultado de un trabajo de años y viajes por el mundo, compartiendo las raíces e influencias que me han ido marcando. El criollismo es una de ellas. No se puede amar lo que no se conoce, dice una canción: reivindiquemos entonces al caballero de fina estampa que nuestra música merece. Que tanto se le extraña. No lo pierdan.

*Marca Perú

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