El fantástico mundo de Lizette Acosta

De clásicos como El Bosco a Remedios Varos, del arte tradicional al surrealismo pop, Lizette Acosta ha ido amalgamando su propia propuesta: una que busca establecer un vínculo emocional con el espectador.

Como suele ocurrir con todos los artistas, el primer obstáculo a vencer está en la familia: mientras dibujar sea un hobby y no una profesión, no hay problema. Es entendible, los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos, aunque esto sea sacrificar la vocación. Por eso Lizette Acosta decidió estudiar Educación Inicial, carrera que, además, la mantendría en el lado lúdico de la enseñanza, pero no funcionó, no era lo suyo.

El Diseño Gráfico Publicitario fue su segunda opción, y aquí aprendió dibujo, fotografía, e historia del arte, lo que la llevó a investigar, visitar galerías, admirar la pintura y conocer de estilos y tendencias. Trabajó un buen tiempo en agencias publicitarias, imprentas y casas fotográficas, dictaba el curso de Educación Artística en varios colegios, pero la formación que necesitaba estaba incompleta, por eso decide postular a la Escuela de Bellas Artes, donde la exigente malla curricular le permitió descubrir lo que en literatura se conoce como “voz propia”, el estilo personal que todo pintor desarrolla y que se convierte en su marca de vida. Así. Acosta se inclina por el “Lowbrow”, término utilizado para describir un movimiento underground de arte visual que surgió en la zona de Los Ángeles, California, a finales de la década de 1970, y que más tarde se definiría como Surrealismo Pop.

Acosta Allende define su trabajo como el resultado de la influencia del anime japonés y el Surrealismo Pop, que tiene cierto sentido del humor y sarcasmo, y que se expresa no sólo a través de la pintura sino también en juguetes, escultura y arte digital. “Siempre tuve el gusto por el anime y el manga, es de ahí de donde nacen mis personajes de grandes ojos almendrados, con rostros y narices perfilados, cabellos largos y lacios, con gestos llenos de encanto y ternura”.

“Mis personajes en general son femeninos porque me siento identificada con ese universo en el cual está presente mi alter ego. Los temas que he ido trabajando son referencias a historias como Alicia en el país de las Maravillas, o a cuentos de los hermanos Grimm… Mi arte refleja un mundo lleno de fantasía e imaginación y mucha simbología. Creo que me inspira todo lo que me rodea, la naturaleza, el cine, los cómics y las imágenes por internet. Siento que todo se va mezclando dentro de mi cabeza”.

Remedios Varo y sus pinturas cargadas de símbolos forman parte de sus referentes inmediatos, pero también Ray Caesar y Mark Ryden con sus niñas encantadas, Rene Magritte y Jheronimus Bosch (El Bosco), entre otros. Gusta además de las pinturas del arte renacentista donde los personajes observan al espectador y establecen un vínculo mediante la mirada. Y eso es lo que busca construir Lizette con sus pinturas, un vínculo; por eso en el trabajo constante en su taller va modificando los colores y probando técnicas. Eso le ha permitido conocer mejor los materiales y las superficies, perfeccionar los detalles, y un mejoramiento en el empleo de los colores y la forma de los personajes. Pero además del óleo, Acosta interviene con acuarelas. Por estos días está empezando una nueva serie con el tema de la película “El Laberinto del Fauno”, trabajos de fusión de animales y seres mitológicos.

Gracias a las redes sociales el arte en sus múltiples plataformas llega ahora a más personas, y esto permite que las obras se comercialicen con mayor rapidez, lo que ha devenido en que sea el artista el jefe de su propia empresa, generando su marca y encontrando en el público un nicho que se identifique con su propuesta visual y estética. Pero claro, el espacio tradicional de las galerías sigue siendo un medio importante para darse a conocer, y no es fácil acceder a esos espacios. El mundo del arte siempre ha sido difícil, qué duda cabe, pero es la perseverancia y la verdadera vocación los que se encargan de encaminar el destino.

Mientras tanto, Lizette Acosta va desarrollando la idea de preparar un libro con sus pinturas, contando historias a través de cuentos. Como no podía ser de otra forma, mientras pinta la observan sus cinco gatos, mudos testigos del proceso creativo, además de sus muñecas de animes y antigüedades que le gusta coleccionar.

Lizette ha participado en varias muestras colectivas, la más reciente en Trujillo como invitada especial, y en noviembre de 2017 participó en la Exposición Colectiva “Treinta Pintores Peruanos” en el Latino Art Museum de California. Este 2018 viene preparando su primera individual.

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