El movimiento subte ¿Not Dead?

Escribe: Francisco León

El título del presente artículo, es por demás sugerente y da pie a múltiples reflexiones. Incluso, podríamos jugar con la frase de Jacques Lacan: “la falta es lo que ocasiona el surgimiento del deseo”. En este caso, el deseo de perennidad del movimiento subte, indicaría la falta del mismo, es decir su fin, o la intuición del mismo. Pero ¿por qué debería no morir lo subte?, ¿existe una esencia (¿escencialización?) de lo subte entendido como tal? O solo se trata de una idealización producida por el tiempo, que guarda estrecha relación con la época en que sus protagonistas fueron jóvenes. Es decir, un congelar en el recuerdo, una época que fue “buena” porque fue la época de lo irrecuperable, entendida como la edad de la ilusión, la utopía y los sueños.

Se pretende generar una trascendencia personal vehiculizando un conjunto de creencias, actuales, de lo que fue lo subte. Si lo subte no muere, ergo yo no muero. Lo primero que debería analizarse es ¿qué es lo subte?, y no encasillarlo como si nos refiriéramos a un todo homogéneo, compacto, sino a una aglomeración de jóvenes de distintos estratos sociales, sobre todo clasemedieros y de ciertos distritos de Lima solamente, que se “unieron”, compartieron espacios e ideas, como “respuesta” a una situación de crisis y violencia como la que se vivió en la década del 80. Ellos, hallaron una alternativa o vía de escape en la apropiación de los nuevos sonidos, que llegaban del extranjero. Hablamos del punk, el metal, el trash, el hardcore, etc., y la recuperación de elementos nacionales, especialmente folcklore, que les sirvieron para construirse una identidad, en un país históricamente fracturado.

A continuación, y en pos de buscar algunas respuestas o más reflexiones a lo antes planteado, dejo un capítulo de mi libro inédito titulado: PINO, UNA VIDA EN ROCK, titulado:

Lima en los 80

Lima angustiada, Lima violenta, Lima injusta, Lima morirás
Lima hacinada, Lima sórdida, Lima reviente y la urbe morirá. (Astalculo –Leusemia)

 Es mejor, y más honesto, referirse a “Las Limas”. Sí, pues existían varias, y tenían cruces, flujos, tensiones, encuentros y discordancias. Trataremos de establecer, de manera muy general, una especie de mapa musical de la ciudad, separándola en dos grupos:

En esta década las diferencias no se debían al carácter intrínseco de cada barrio. Particularidades que definen la identidad, y que sin embargo no eran tan marcadas como las “coincidencias” que ofrecían entre sí los distritos pertenecientes al grupo que hemos denominado Lima Tradicional. Allí, el consumo cultural iba desde adquirir discos en las tiendas Héctor Rocca, o pasear por la Avenida Larco inmortalizada por el grupo Frágil.

Desde Puerto Rico llegó, para todos, un fenómeno comercial muy bien pensado: Menudo. Banda de chiquillos que con letras fáciles, coqueteos al rock y mucho bailen hicieron los “otros” ochenta para muchas adolescentes. Radio Panamericana se promocionaba con su Más Más del verano, aquí se hizo famoso el Dj Jhony López, cuestionado por los que saben de música. Young Turks del inacabable Rod Stewart fue canción de inicios del 82, año del mundial de España, con álbum incluido y la mejor mascota, probablemente, de todos los tiempos: el Naranjito. La mayoría de televisores eran en blanco y negro, aunque los de color ya entraban vía Miami. El Centro Histórico había sido dejado de lado. Lima era, a comienzos de la década, una ciudad empobrecida. Olía a orines, estaba repleta de pirañitas y ambulantes, merodeadores nocturnos, prostitutas y falsos iluminados, que llenaban las noches inacabables de la Plaza San Martín.

Aún era posible escuchar a Iron Butterfly en la radio, pues el buen rock de los 70, e incluso los 60, estaba muy cerca. Las compras se hacían en Tía, Monterrey, Galax, Todos, Oechsle. Los jóvenes recalaban en galerías Persia, Boza. La “cultura barrial”, el concepto de “esquina” era muy potente, más que hoy, y “positivo” en muchos sentidos. Allí podíamos verlos,  radiantes, mezclando Cienfuegos con Tang de naranja u otras fórmulas alquímicas. La banda sonora era múltiple, y ofrecida por radios como Doble Nueve, Miraflores, la popular 1160 o la exclusiva Súper FM. El menú era variadísimo, desde New Wave, Post punk, rock en castellano, Rock industrial. Se escuchaba a: Duncan Dhu, Héroes del Silencio, New Order, Echo and The Bunnymen, Siouxsie and The Banshees, The Clash, U2, The Jesus and Mary Chain, Joy Division, The Police, The Smiths, The Cars… aunque varios se atrevían a “enamorarse” de Kim Wilde. Las paredes eran decoradas, a punta de espray, con nombres de bandas como: The Cure o Kraftwerk. Existía, sin embargo, un grupo de jóvenes de aquellos distritos y de otros de la llamada “nueva clase media” es decir de Los Conos, que preferían oír punk en cassettes pirateados, heavy metal y hardcore nacional. Ellos serían el embrión de la “movida subte”.

Luego fue el turno de Miguel: “El que no se sienta a gusto puede irse, porque no vamos a permitir que poseros integren la horda. A varios les digo, que en vez de comprarse un polo marca OP -polo surf Ocean Pacific de moda en los 80’s- pueden utilizar ese plata para comprarse un polo de un grupo, o por lo menos uno negro”. Muchos aprobaron lo dicho por el “Det”.[1] Un testimonio de parte, ofrecido por el escritor Martín Roldán completa el panorama de aquellos años, donde la vestimenta era sólo la dermis de la rebeldía.

Veinte años después, mis recuerdos de Lima de los ochenta siguen siendo de una gris melancolía, que equilibra la sensación de miedo por haber vivido en una ciudad violenta. De ver las veredas moverse al ritmo de la canción Ratas callejeras de Eutanasia; de sentir los postes vibrar con el coro de Astalculo de Leuzemia. O, más tranquilo, de ver morir el sol desde la azotea de mi edificio, mientras sonaba una de las Cúrsiles Romanzas de Daniel F […] La vida se no hacia un nudo en la garganta para los que fuimos jóvenes, a los que ahora llaman ochenteros, lo único que nos quedaba era gritar toda nuestra angustia y anhelos de un mundo mejor, restregándole a la sociedad peruana, Abimael y Alan incluidos, toda la mierda que ellos habían hecho de nuestras vida. Para eso nació también el Rock Subterráneo.[2] Entrevista a Pino Rísica: ¿Cuál era la condición social de los subtes? Había de todo. Pero hay una cuestión que he discutido con algunos. Para escuchar música en los 80´s tenías tres opciones:

1. Tenías plata, comprabas los discos afuera.
2. Algún familiar te los traía del extranjero.
3. Habías crecido en un ambiente donde la gente tenía discos así.

Y en los tres casos, cuando te hablo de “plata” no quiero decir que seas millonario, sino que debías ser de una clase media para arriba. Debías estar ligado a gente que tenía plata por algún lado, pues un “pobre pobre” vivía al día, escuchaba lo que pasaban en la radio. A continuación, un texto de Rafael Inocente que nos muestra de manera clara la identidad de aquellos que se abocaron al movimiento Subte.

Como un ave Fénix que renace de sus cenizas, en los80, esta escena roquera revive. Y revive repotenciada, politizada y rebelde. Frente a una anémica corriente pop/rock comercial privilegiada por las radios (Frágil, Hielo, Pax, Chachi Luján, Féiser –de un sujeto escupible como Álamo Pérez Luna–, Dudó, Imágenes, Río, Arena Hash y un olvidable etc.), aparece un grupo de muchachos de diferentes barrios de Lima con una propuesta que no se queda en lo musical, ni siquiera coquetea con este enfado juvenil y rebelde de soy rebelde porque el mundo me ha hecho así que tanto gusta a las disqueras, si no que propone protesta y subversión de los valores de una moral decadente, corrupta y asesina, como la que se evidenciaba en aquellos años inaugurales del primer gobierno aprista […] En estas condiciones es que irrumpe el movimiento subte peruano, englobando el punk, post punk, folk, hardcore y metal. Grupos: Narcosis, Leusemia, Eutanasia, Excomulgados, Guerrilla Urbana, Éxodo, Autopsia, Sociedad de Mierda, Zcuela Crrada, Flema, María T-Ta, Eructo Maldonado, Voz Propia, Héroe Inocente, el hardcore de Ataque Frontal, G-3 y ellos aún viven, QEPD Carreño, la fusión lograda de Del Pueblo, que se convierte en toda una corriente, los líricos Salón Dadá y Sor Obscena, el dark de Lima Trece, Cardenales, el metal de Masacre, Kranium, Hadez, etc. […] sacuden una Lima acostumbrada a un hard rock tardío y elitista, al pop fresa e idiotizante que diseminaba Panamericana y Once Sesenta y a la dictadura de los ranking Billboard de EU.[3]

Siguiendo con nuestra cartografía musical, diremos que el segundo “grupo” que hemos englobado como Los Conos, a su vez también presentaban divisiones, y excepciones, que en esta oportunidad no visualizaremos, al no ser el tema puntual de la investigación. Sin embargo, la mayor parte correspondía a los que por cuestiones económicas nunca imaginaron siquiera un tono en el Markan, o fueron a mover los huesos en la No Disco o el Biz Pix de Eddy Wenzara, esos que  no usaban zapatos Titus, ni pantalones Sunset Beach (La marca del tablista como decía su spot),  ni ropa Twin, New Ayllu, ni compraban accesorios en el Mali Surf Shop. Eran los actores sociales que conformaban el “desborde popular” de Matos Mar (1984) y que tenían por bandera géneros musicales muy distintos a los antes mencionados.

Por la otra, surgen géneros nuevos que hibridan culturas. De ellos, la chicha, cumbia peruana o guaracha andina, es el más importante y ha llegado a ser el segundo ritmo musical popular, después de la salsa, desde su nacimiento en 1968. Es una fusión musical de la cumbia colombiana, la guaracha cubana y el huaino serrano, tropicalizando la música andina y ejecutándola con instrumental electrónico (guitarra, batería y órgano). Es una creación urbana y actual de los barrios populosos y de las barriadas. Surge del patrimonio traído por el migrante andino, pero se arraiga en el residente ya antiguo y en las segundas y terceras generaciones urbanas. [4] Sin embargo, entre este grupo, el que hemos llamado Lima tradicional, existían diversos puntos de contacto e influencias. Así lo demostrarían bandas subtes de fusión como Del Pueblo o Seres Van, que usaba quena, entre otros.

La popularización de la música andina promueve una fusión de culturas que opera en dos direcciones opuestas. Por una, introduce en la juventud de sectores medios y altos un nuevo interés por instrumentos y estilos que en otros tiempos aparecían exóticos. Se genera la afición por la quena, la zampoña, el charango y otros instrumentos serranos. Se los incorpora en conjuntos que interpretan música pop, rock, salsa y otros ritmos modernos, con sonoridades andinas. Algunos los convierten en modo de vida.[5]

No obstante, como menciona Martín Roldán en su novela Generación Coche Bomba, bastante biográfica por lo demás, los choques de realidades culturales terminaban mostraban la flaqueza de aquellos puntos de contacto e influencias. La anécdota, real o no, que refiere trata de un concierto que pretendieron hacer los subtes en el cerro de El Agustino, donde los pobladores chicheros y salseros corrieron (deconstruyeron) a los rockeros “marginales” gritándoles: ¡Pitucos!

Vale la pena destacar que existía un desmedido “optimismo” en cada miembro de los grupos subterráneos. Aunque pregonaran lo contrario, y maldijeran a los cuatro vientos, o cantaran sobre la mierda, la desigualdad y lo podrido que está el sistema. Este “optimismo” parte del hecho más simple: la creencia, a veces subconsciente, de que la sólo enunciación puede cambiar algo. Al no existir, casi, un público como tal, es decir pasivo receptor, tanto “militantes-oyentes” como músicos empezaron a reconfigurar su entorno y por ende su “realidad”. Lo hicieron desde claves como la estética y la adopción de pensamientos alternativos (anarquismo, veganismo), entre otros. Muchos, como el caso del grupo Seres Van, por citar algún ejemplo, optaron por la opción radical, uniéndose a Sendero Luminoso. Todos ellos, buscaban lo mismo, errados o no, es decir el cambio de la sociedad. La llamada movida subte fue un conjunto variopinto, y que contó con lugares emblemáticos que ya no existen, o no como antes.

Los metaleros conseguían material original en tiendas como Mega Discos (en Centro Comercial Arenales que después abrió otro local en la avenida Pardo de Miraflores), y en Sound Mixers de Los Pinos, también en Miraflores, donde grababan de vinilo a cassette. En la avenida La Colmena en el Centro de Lima, vendían vinilos del género desde años atrás, siendo Vicente Fu, Carlos Axi, José Galicio, Walter Borrego, entre otros, los pioneros. Recién en el 88, se formaría la llamada Colmetal -en las afueras de la Universidad Villarreal y las escalinatas de la Iglesia Inmaculada en la avenida La Colmena- donde encontrabas cassettes piratas además de vinilos usados, polos, parches, muñequeras y demás artilugios metaleros. Los primeros Pablo Rey (Insaner, ex Mortem) y Carlos Baglieto “El Veco”, después se sumarían muchos otros. [6]

Bajo la espectral sombra proyectada por la virgen de la Av. La Colmena, llena de prostitutas y maleantes… (Francisco León – Tigres de Papel)

 El lugar en mención es la Av. Nicolás de Piérola del centro de Lima. Donde, en un primer momento existía una “separación” espiritual entre cada puestito de venta de discos o cassettes. Es decir, estaban los hippies, como el famoso “Hippie Javier”, conocido también como El Pelícano que sólo te ofrecía rock de los años 60, psicodelia, blues, etc. Hablar con él era un deleite, casi como la antigua tradición del aprendizaje discipular a través de un gurú. Incluso en varias oportunidades me dijo: Lleva nomás este también, después me los pagas. Los que vendían metal, sólo vendían metal. Para revisar los discos debías pararte en la pista, dándole la espalda a los autos que te rozaban la espalda. La Colmena era pues un universo de a lo sumo dos cuadras y algunos jirones aledaños, donde se había instalado un circuito relacionado a la actividad musical, o culturosa contracultural.

Entrevista a Pino Rísica:

¿No había discriminaciones en la movida?

—Al principio no, luego empezaron a crearse. La gente hablaba mucho de “pitu punk”, “misio punk”. Más que todo era en el mundo del punk. En el metal usaban la palabra Mutant Bangers, que era gente de tez trigueña que se ponía sus casacas y todo.  A la espalda del Hotel Crillón había un local llamado La Caverna Rock y ahí iba la “gebe” metal pues tenían unas casacas donde ponían la palabra “Heve” ni siquiera sabían escribirla… Había un tipo con muletas que las dejaba de lado y se ponía a dar vueltas en el piso, que “supuestamente” bailaba. Existían unas fiestas en el Cerro San Cristóbal que las organizaba un pata llamado “Pishtaco” donde sólo ponían música heavy en castellano, de Argentina, México. Yo nunca tuve problemas de desplazamiento, he parado muchísimo en San Juan de Miraflores, en el Agustino, en el Cerro San Cristóbal. Espero que este texto ayude  a la reflexión y el debate.

[1]  BOGGIANO Franco & ZAPATA Mario en http://blogs.peru21.pe/resistencia21/2013/06/la-gran-horda-metalica-del-per.html

[2] ROLDÁN Martín, Historia de una foto subte, en el fanzine Poetas del Asfalto. Números 47-48-49, octubre 2008. S/N.

[3] INOCENTE Rafael, Rock y política, una visión de la escena roquera en el contexto socio económico peruano, en el fanzine Poetas del Asfalto. Número 69, octubre 2010. S/N.

[4]  MATOS Mar, Desborde Popular y crisis del Estado, IEP, Lima 1984. P.85.86.

[5]  MATOS Mar, Desborde Popular y crisis del Estado, IEP, Lima 1984. P.85.

[6]  BOGGIANO Franco & ZAPATA Mario en http://blogs.peru21.pe/resistencia21/2013/06/la-gran-horda-metalica-del-per.html

Francisco Adriano León Carrasco

Nació en Lima el 8 de mayo de 1975. Escritor, poeta, editor, historiador, músico. Cursó estudios de literatura en la UBA (Universidad de Buenos Aires). Promotor cultural. Publica  la novela corta Resplandor Púrpura (Grupo Editorial RAS, Lima, 2004). El año 2005 obtiene mención honrosa a nivel nacional en el concurso de Poesía Iberoamericano, Cuento y Dramaturgia 500VL, organizado por el Boulevard de la Cultura de Quilca y la Municipalidad de Lima. Aparece su primer poemario titulado Ad Gloriam (Arteidea editores, 2006). Publica el trabajo de investigación: La historia de Salamanca de Monterrico (Grupo Editorial RAS, 2006 – 3 ediciones).

Obtiene 2ª mención honrosa en el concurso mundial de poesía erótica Bendito sea tu Cuerpo (2008). Aparece en el compilatorio del mismo nombre. Aparece su plaquette Sandra, (Maribelina editores, 2009). Publica su poemario temático Summer Screams(Hipocampo editores, 2009). El 2012 publica. Publica Historia de Sangallaya (Asociación Distrital Sangallaya, 2012). El año 2013 publica con Altazor editores su segunda novela Tigres de Papel. Publica la II edición de su novela Resplandor Púrpura, editada por G4eneration (2014), en Buenos Aires. Publica Salamanca Sixties Un estudio sobre el rock en la Clase Media de Lima, (Editorial Selección Gallera 2014). Publica su novela Los Stones, (Animal Literario, 2016).

Publica Song From Lima, poesía, (Korriente A editores, 2017). Publica el trabajo de investigación Wanka Rock, historia del rock en Huancayo de 1959-1979, Korriente A editores (2017) con una reimpresión de Sonidos Latentes Producciones ese mismo año. Dirige el equipo técnico para la elaboración de el Plan Municipal de La Lectura y el Libro de la Municipalidad Provincial de Cusco, 2017. En 2018 publica tres ediciones de Manco Inca y la gran guerra de reconquista (Grupo Editorial RAS, Raymi Editores, Zafiro Editores). Con tres ediciones agotadas en menos de tres meses. El libro fue el segundo más vendido de la Feria Internacional del libro de Cusco.

Ha aparecido en 20 compilados de poesía a nivel mundial, incluye traducciones al francés y portugués de su obra. Ha sido columnista del diario Extra, y del Diario del PaísDiario del Cusco, Diario El Sol del Cusco. Además de las revistas digitales Punto de EncuentroMain Neim, Cronopio, etc., a nivel nacional e internacional. Ha sido conductor del programa El Rincón de Los Incomprendidos por HCM Tv radio, y de Palabra x Palabra por HCM Tv radio. Ha editado más de 20 libros con su sello RAS. Es en la actualidad columnista del semanario Qosqo Times y editor periodístico de la revista Open Cusco, de distribución gratuita en Lima y la Ciudad Imperial.

Síguelo en: https://www.facebook.com/franciscoleonescritor/

 

 

 

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