El sentido del teatro

Escribe Omar Amorós

Hola mi nombre es Carlos Omar Amorós Núñez y desde hoy 04 de octubre y todos los jueves los acompañaré con esta nueva columna web de su revista Cocktail: EL SENTIDO DEL TEATRO, en la cual no solo les hablaré del cada vez mayor número de obras que se pueden ver en Lima, ya sea comerciales o no, grandes shows o puestas intimistas, con actores mediáticos o novatos, en las clásicas salas limeñas o los diversos escenarios que puedan surgir. Sino, de todo lo que directamente o indirectamente está delante y detrás de este arte, uno de los más antiguos y con el cual el ser humano puede conectar más y verse reflejado.

Pero, ¿qué es el teatro? La palabra teatro proviene del termino griego theátron y significa ‘lugar para contemplar’. Es la rama del arte escénico relacionada con la actuación de una o más personas que representan historias frente a una audiencia a través del diá­logo y la creación de un determinado ambiente, en donde existe una estructura dramática y una distribución de las acciones: planteamiento, con­flicto y desenlace; utilizando para ello elementos externos como escenografías, luces y música. Es tam­bién un género literario que comprende las obras concebidas para un escenario y ante un público, y que dependiendo del resultado de la suma de su narrativa con el estilo de diálogo toma otras formas como la ópera, el ballet o la pantomima.

¿Y cuál es el sentido del teatro? Podemos decir que el teatro se impregna sutilmente en el alma humana, presa del miedo y la desconfianza, alterando su propia imagen y abriendo un mundo de alternativas para el individuo y, por tanto, para la humanidad. El teatro aporta significado a la realidad diaria mientras previene un futuro incierto, participa en temáticas de política social de forma sencilla y directa; y al ser integrador, presenta experiencias capaces de transcender ideas erróneas preconcebidas.

¿Qué puedo decirles del teatro peruano actual? Mucho se habla ya hace varios años del desarrollo teatral peruano, pero poco se hace para mantener vigente esta evolución artística que no solo alimenta el anhelo cultural que se vive en el Perú, sino también (y lo más importante) que genera muchos puestos de trabajo. Lo que ha ocurrido –se cree- es que tanto en Lima como en las demás capi­tales de provincias del país es que generando (se supone) más ingresos económicos y más pobla­ción: hay más público para todo tipo de espectáculos, entre ellos, los teatrales, pero esto resulta insuficiente para que la gente llene las salas de teatro (ahí viene a tallar la formación de nuevos públicos).

Siempre ha existido teatro de calidad en el Perú, pero se necesita generar la necesidad de ir a ver una puesta en escena, ¿cómo hacerlo? Una posible respuesta a esta interrogante es que los productores y/o empresarios deben tener muy presente qué tipo de teatro están produciendo y a qué tipo de personas se quiere llegar con una determinada obra. Por un lado, tenemos al teatro comercial que ve una obra como un proyecto empresarial que busca conseguir dinero, para lo cual hay que invertir, contratar personal y pagar costos, para que al final se obtenga una ganancia que se repartirá entre los que asumieron el proyecto. Este tipo de teatro se rige por las leyes del libre mercado y busca llegar a las grandes mayorías.

Y, por el otro lado, está el teatro cultural, que busca impulsar una propuesta y un mensaje, el cual, a su vez, cumple una función social. Se trata de un proyecto que busca difundir el arte teatral. Muchas veces, invertir menos implicaría disminuir la calidad de la obra, y eso es algo que los que llevan a cabo este tipo de teatro no están dispuestos a permitir (y felizmente no sucede en la mayoría de los casos en Lima). Claro está, que ninguna obra pertenece en­teramente a uno u otro tipo, pues entre ambos extremos hay varios matices; de hecho, lo lógico es que los productores dividan su tiempo entre los dos tipos de producción y que realicen la puesta en escena que deseen hacer.

Ésta y muchas problemáticas más del mundo de los sueños hechos realidad trataremos en esta humilde columna que no pretende ser “la voz de ley” de cómo o no debe ser el teatro o cómo hacer teatro. Por el contrario, será una ventana abierta a propuestas nuevas que den soluciones a  problemáticas a este sublime arte que cómo ninguno nos presenta y representa porque (parafraseando a Calderón de la Barca): el mundo es un gran teatro y “El Gran Teatro del Mundo” en el cual vivimos nos aleja con su indiferencia e insensibilidad de lo que nos hace ser humanos: el amor. Y porque cómo escribiera el clásico bardo español:

“¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.”

(Pedro Calderón de la Barca, La Vida es Sueño).

Carlos Omar Amorós Núñez (Lima, 1981). Periodista y Profesor. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Martín de Porres. Ha llevado cursos de crítica cinematográfica y de teatro. Ha trabajado en las agencias Neo Consulting y Making Connexion, las Revistas Siete y Velaverde, en Diario Expreso y Suplemento Variedades del diario El Peruano. También ha ejercido como docente del área de comunicaciones para alumnos de primaria y secundaria y como asesor de prensa para escritores. Actualmente es editor general de Revista Cocktail, redactor de cultura de Diario Perfil y colaborador para otras publicaciones siempre en la sección de cultura.

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