ENTRE BARRICAS

¿Por qué nos gusta malbec?

Por Ángelo Cortéz Facho*

Si echamos un vistazo al pasado, dejamos, doce años, podríamos encontrar grupos muy definidos de gustos. Por un lado estaban los amantes del cabernet sauvignon, por otro lado los de merlot o carmenere, y un grupo más pequeño encabezado por la pinot noir. ¿Pero qué sucedió? ¿Qué hizo que varios de estos grupos se unificaran? ¿Acaso la llegada de una cepa con características excepcionales? Aquí les contaré una curiosa, particular y misteriosa historia sobre la cepa que revolucionó Europa, y que hoy es la cepa de moda en el mundo y, sobre todo, en nuestro mercado. El vino oscuro de Cahors tiene sus origines en la vieja Francia, en una región ubicada a 200 kilómetros dentro de Burdeos o Bourdeaux, una de las zonas más prestigiosas del vino a nivel mundial. La malbec, conocida como Cot por estos lares, según el historiador de la universidad de Arizona, William H. Beezley, en el siglo XII comienza un gran crecimiento en la exportación de vinos a muchas partes de Europa. Tan notoria es la migración del vino oscuro de Cahors, que llega a tener una fama que ni los zares se pudieron resistir. Es así que el zar Pedro “El Grande”, probó este vino y mandó a importar sus uvas. El Zar cumplió su cometido varios años después a través de Catalina “La Grande”, que pudo llevar esta cepa a Crimea, actualmente Ucrania, donde hasta el día de hoy se cultiva el vino llamado kahors, haciendo histórico el nombre en honor a su origen. Esta cepa recorrió diversas partes de Europa, y si bien el nombre es de origen húngaro, pues a fines del siglo XIX una familia de apellido Malbeck (Húngaros), reconocidos enólogos de la época, autores de escritos en la materia, difundieron la cepa por Francia principalmente. Aun así, no nos queda claro por qué la uva cot pasó a llamarse malbeck, y luego a malbec. A mediados de los 80’, sin mayor importancia, perdió la letra “k”. Por lo tanto, no queda claro si fue en honor a esa familia, ya que no hay registro alguno de ese acontecimiento. Luego, la uva ingresó a Argentina de la mano de un vitivinicultor francés llamado Miguel Amado Pouget en 1852. Este hombre fue contratado por el gobierno gaucho para montar y constituir una escuela moderna en las provincias de San Juan y Mendoza, donde se colocaron estas primeras vides. Viñedos plantados a la antigua, fundados por inmigrantes en su mayoría italianos, le dieron un toque de identidad, dejando de lado a esta cepa, ya que se mezclarían con otras variedades. En la década de los 80’, familias vineras muy conocidas, motivaron el trabajo de retomar la malbec, intensificando y mejorando su tipicidad y su genética. Hoy en día cot, auxerrois o malbec, como se está plantando en Francia, USA, Nueva Zelanda, Australia y Chile, reconocen el estilo, tipicidad y originalidad del vino argentino. Existen casi un total de treinta y tres mil hectáreas plantadas con diversas selecciones, y aún así no hay clones para esta cepa. Hay malbec para rato. Hoy el Perú es un gran consumidor de malbec, que ha unido a muchos por su sabor, su estilo, sus características, su nota frutada ligera y por su potente madera. El malbec es una variedad que cautivó a paladares y se ganó un lugar en el mundo. El saber el por qué, el cuándo y el dónde, tiene como resultado el que podamos celebrar un día en honor a esa uva. A disfrutar y celebrar. ¡Salud!

* Sommelier 

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