Jade Rivera: El que hace hablar a las paredes

Huancaíno de nacimiento pero limeño de toda la vida, Jade Rivera escuchó al espíritu del arte a los 11 años, cuando en el colegio no podía comprar las láminas para sus tareas y todo lo empezó a dibujar. Luego conoció el anime y los comics y empezó a dibujar todo, hasta que a los 14 años se enamoró de los graffitis.

Escribe Carlos Omar Amorós * / Fotos Nick Gutierrez

Amor a primera pared

Desde un primer momento lo que le atrajo del graffiti fue el uso de los colores; después  quiso averiguar quiénes lo hacían y cómo. Fue un amor a primera vista con el arte de la calle, le llamaban la atención las letras de los barristas, su estética le parecía fascinante. Empezó a practicar y así entró al mundo del arte urbano. “No te podría decir por qué motivo en especial me atraía tanto la tipografía de este arte, pero desde entonces trabajo con él”. Lo que le ha dado la calle es un reconocimiento más difícil de conseguir que siendo un artista de galería. “El arte de la calle se dio porque desistí de ingresar a la escuela, ésta te absorbe muchísimo”. Desde entonces es autodidacta, desde los 17 años decidió ser independiente.

De los errores se aprende

Cuando terminó el colegio se le metió en la cabeza la locura de ser ingeniero porque se había criado con una familia llena de ellos; su familia nunca lo obligó, pero sintió la obligación. A los tres meses de iniciar sus estudios para postular a la universidad, se dio cuenta de que estaba cometiendo el peor error de su vida. Intentó entonces ingresar a la escuela de arte matriculándose en la pre Bella Artes, pero no logró un cupo para el ingreso directo. Después, cuando decidió volver a postular por el ingreso directo, no lo hizo porque algo le dijo que no era el momento, “Fue la mejor decisión que pude tomar, a los 17 años eres muy manipulable y no sé qué hubiese terminado haciendo si me hubiese quedado en la Escuela”.

Muralismo vs grafiti

El arte que realiza Jade tiene lineamientos de los muralistas mexicanos Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Trata de comunicar a través de las imágenes (con contenido) y se realiza generalmente en las calles. Algunos entendidos clasifican a Jade como neo muralista y otros como muralista contemporáneo. Al contrario de los graffitis, los murales tienen que ver con la idea de transmitir una idea, un pensamiento, un mensaje, pasando el  nombre a un segundo plano (su firma es muy pequeñita y va a un lado del mural). Para hacer sus murales, la mayoría de veces le presta atención a lo que la calle le dice, esa es su principal fuente de inspiración: la gente, la ciudad, el país en que se encuentra. Siempre está muy atento, con la observación al límite para que cualquier instante de la vida cotidiana le transmita un momento que retenga en su memoria y luego plasme en un mural.

Más que respuestas, preguntas

En primera impresión el tema general de su obra es la conexión del ser humano con la naturaleza, pero con una mirada más profunda: cada obra tiene un significado personal. Lo que le interesa al artista es lo que cada espectador pueda descubrir por sí solo, que descubra su propia historia al observar cada muro, cuadro o pintura que haya hecho. Su intención al hacer un cuadro siempre es plantear preguntas, mas no dar respuestas, esas tiene que encontrarlas uno mismo. El artista nunca dice qué significa el muro o la pintura, porque cree que al dar un significado de lo que ha querido decir con su obra cierra mucho las puertas de la creatividad, la imaginación, el pensamiento de cada espectador.

“Mi opinión es una más de las millones de opiniones de la interpretación que puede haber sobre un mural o cuadro mío. Muchas veces las interpretaciones coinciden con la mía, me sorprenden, son más interesantes; eso es lo poderoso de ser directo al momento de pintar”, nos explica en su taller de Barranco, lleno de cuadros en formato pequeño expuestos al público para su visita y venta.

Lo que hace Rivera es realismo puro, no hay nada abstracto. Existe misterio en su brocha, pero no un imaginativo al extremo, que hace que los cuadros, rayas o líneas se transformen en lo que son. Al mismo tiempo sus murales no necesitan un texto curatorial, la obra está ahí presente y el espectador solo se encarga de verla e interpretarla.

Cuando me enamoro de un muro

Jade tiene muchas formas de empezar a trabajar un muro. Cuando recibe una propuesta del extranjero, por ejemplo, ya existe el muro y el artista tiene que resolver la dinámica del mismo, su contexto y ubicación. En otras ocasiones le toca a él escoger el muro, hace una búsqueda, y cuando encuentra a la pared indicada, no sabe bien qué es lo que lo atrape en demasía, pero lo escoge. Cuando se enamora de un muro, Jade observa el paisaje de su entorno, visualiza la fotografía final; si hay mar o si hay animales viviendo a su alrededor, todo eso cuenta para escoger un mural en particular. Para saber qué es lo que va a pintar hace una investigación del lugar en que se encuentra, quiénes son los habitantes, cuáles son sus costumbres, a qué se dedican, de qué viven. Antes de pintar el muro toma muchísimas fotografías, luego de eso trabaja las fotos en la computadora, empezando así su proceso creativo, decidiendo qué pintar. El tema siempre tiene que ver con el lugar en el que se pinta. Por ejemplo, ha pintado en Costa Rica con temática propia del lugar; en Emiratos Árabes ha pintado halcones, camellos, la burka, símbolos y referencias a su cultura. En Perú, en Lima, sí es un poco más abierto a la intervención de murales, pinta generalmente ciudadanos en diversas circunstancias, ahora más que nunca. Su intención es integrar el muro a la ciudad, no separar el muro de la arquitectura del lugar, del espacio. Ponerle una presencia a través de sus personajes, sus animales gigantes, donde destacan aves gigantes debido a esa fascinación que tenía de niño por los aviones, por volar. Por eso no pinta paisajes, solo el fondo y el personaje central.

Jade Rivera ha logrado otorgarle a los lugares donde ha intervenido con sus murales ese espíritu que acerca al ciudadano de a pie con el color, reconciliándolo con el arte. Un grande.

* Periodista

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