La búsqueda ulterior del ser con Hugo Salazar

Entrar en el universo (mente) de Hugo Salazar Chuquimango es navegar por zonas llenas de misterio, pero al mismo de sabiduría. Él no es un pintor cualquiera y uno más, es un artista con un alma especial que con su tono pausado al hablar y su mirada aguda vigila la entrada a su mundo interno, tan intenso, real y sincero como cada uno de sus cuadros.

Escribe Omar Amorós* / Fotos Nick Gutiérrez

Llegamos a su actual guarida, refugio–taller el cual vigila y en donde trabaja con devoción, un lugar que por fuera pasa desapercibido, pero por dentro es el núcleo de su arte. Hugo siempre está en la búsqueda de lo humano, de aquello que lo hace ser auténtico y lo diferencia de otros. Por eso, si se quiere ser un artista de verdad no hay que dejarse llevar por lo que digan los críticos o los gestores, se tiene que ser auténtico, más allá de los estudios que se pueda tener, nos señala.

Este artista nacido en el Callao en 1980 de buen porte y figura prefiere no dejarse seducir por el lado del arte en cual puedes ganar dinero (trabajos de encargo o ventas en exposiciones). Está en una etapa de su carrera donde puede ser genuino y producir arte que perdure y seguir ganando dinero, es decir se encuentra en un punto intermedio.

Descubriendo su estilo

Uno va llegando a su estilo encaminándose con un maestro, buscando la afinidad con un artista, sobre todos los maestros contemporáneos, cuya mayoría tiene influencia clásica como Picasso, Chagall y Picabia (algunos referentes suyos). Esto para él es importante porque así se puede encontrar el camino propio. Hugo mismo se encaminó hacia Dalí, por lo menos por 5 años donde buscaba su efecto paranoico y su juego (propuesta) de palabras con Cadáver Exquisito. Al principio tuvo mucha influencia solo del surrealismo –se encerró en ese movimiento-. Incluso era conocido como el Dalí peruano.

Pero poco a poco con el tiempo fue encontrando códigos, símbolos y arquetipos sobre todo. Justamente está adentrándose en “Los arquetipos” del psicoanalista y psiquiatra Carl Gustav Jung por el que siente mucha afinidad. “Sé que hay algo totalmente desconocido, que más allá del inconsciente y de los sueños. Códigos que podemos manipular cuando estamos en vigilia porque son heredados no solo por genética, sino también por una conciencia heredada en otra vida, es decir códigos ancestrales”, nos refiere el artista.

Surrealista y barroco

Espera que al tener 60 años pueda simplificar las cosas (y como definir su obra). Para algunos netamente surrealista, para otros con pinceladas de barroco. Pero Hugo en estos momentos plasma en sus cuadros códigos y códigos, estilos tras estilo que sirvan como engranaje para que el cuadro encuentre su esencia. Le gustaría que de acá a un tiempo su obra adquiera esa inteligencia que tenía el arte de Magritte, simple y minimalista.

Su obra sigue creciendo y dándose a conocer en el mundo, el año pasado fue invitado junto a un colega suyo también peruano a una muestra bipersonal en Roma donde no solo presentó algunos cuadros, sino también diseño un par de vestidos (la exposición tuvo como eje la cultura Mochica), los cuales cosieron su madre y hermana, él supervisó todo el trabajo. La exposición debía ser en base al arte peruano y que más relación que la cultura Mochica con sus representativos huacos eróticos y la característica erótica en buena parte de su obra (aparte de sus auto representaciones). Para esta muestra hizo unas lámparas eróticas que se podían apreciar en su versión de “Las Meninas”.

Entre Las Meninas y la muerte

Para la muestra en Roma llevó una versión muy Hugo Salazar de uno de sus pinturas favoritas: Las Meninas de Diego Velásquez que como práctica siempre quiso pintar, hasta que un buen día un coleccionista lo retó a qué si podía pintar unas meninas a lo que él dijo que sí y se atrevió a hacerlo en su tamaño natural, él considera que respetó hasta el 50 por ciento de la obra sobre todo de la atmósfera porque se dice que Velásquez pintó en su trabajo hasta el aire (la densidad).

Otro de sus últimos trabajos importantes –y fuertes– es el cuadro que lleva como nombre: Muerte Ulterior del Eterno Peregrino, el cual tiene una historia triste que surge con la muerte de su padre. Días después de ese acontecimiento tenía que empezar con el pedido de un coleccionista (Iván, amigo de ambos). Fue entonces que se ve con el óleo blanco vacío y un día saliendo de su casa ve una gran mancha de brea en el asfalto, cuya imagen se le quedó plasmada en su mente y la había procesado como una bestia que comía almas, eso le hizo pensar muchísimo en su padre, le hizo creer que podía estar vivo –en algún lugar- en el cual iba a morir otra vez. En la muerte después de la muerte. Ya tenía la idea en mente, la plasma en su cuaderno y cuando llega a su taller empieza a pintarla. Hugo es muy estratégico al momento de crear sus cuadros, pero este fue un proceso visceral y emocional. Hugo Salazar sigue trabajando como vigilante, pintando sus cada vez más solicitados encargos y juntando cuadros para una próxima gran muestra. Sabemos que con su talento y disciplina pronto sabremos más de él.

*Editor de Cocktail

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