“La caja no tan boba”: De espectador a “testigo” en el suicidio de Alan García

Escribe: André Suárez

El suicidio del expresidente Alan García marcó la pauta de la agenda televisiva nacional. Hasta ahora los medios de comunicación siguen cubriendo el fatal desenlace del líder aprista, debido a que progresivamente hay más material disponible sobre cómo fue la intervención de la fiscalía en la residencia del ex líder del partido de la estrella.

Lo más reciente han sido, y quizá lo último en revelarse, las imágenes sin audio de García interactuando con el personal de la fiscalía desde las escaleras de su domicilio. El noticia fue la aparición del arma en manos del expresidente desde el instante que atiende a las autoridades, algo que se aprecia justo en los últimos segundos de la grabación hecha por la fiscalía.

Probablemente en un futuro el video completo de la intervención llegue a la televisión, a pesar del secretismo ordenado por el Ministerio del Interior, entidad que silenció el registro audiovisual “para que no se filtre información del policía que hace la video vigilancia”. Esto es algo que me llama precisamente la atención, porque no es necesario censurar todo el audio, sino solo aquellas  partes que corresponden a la identidad del oficial que la grabación. El resto del material, como la respuesta a García antes de subir las escaleras, puede ser accesibles sin ningún problema y, además, pienso que necesario para acabar con las teorías conspiracionistas de que todo fue una farsa, una puesta en escena para que García evada a la justicia.

¿Cómo es que la televisión se ha transformado en una fuente más confiable para la ciudadanía que los reportes oficiales de nuestras autoridades? Lo más inmediato es pensar en la corrupción, que la verdad siempre se esconde en los detalles y la historia ha demostrado que los ciudadanos son los últimos en enterarse sobre las estratagemas del poder político sobre acontecimientos aparentemente inocuos.

La televisión, especialmente las transmisiones en vivo, aparece como una herramienta indiscutible para la interpretación de la realidad. El “lo veo por mí mismo” es mucho más poderoso que la explicación brindada por las autoridades sobre el evento visualizado a través de la pantalla. De alguna manera, la TV hace que estemos “presentes” en el centro de la noticia para convertirnos así en “testigos” en vez de ser “espectadores”, algo que los conspiranoicos deberían considerar por humildad para evitar la difusión de información falsa.

La figura del “testigo” sobre la del “espectador” resulta perniciosa para la evaluación de la realidad, debido a que cree estar en el mismo lugar de los hechos sin cuestionar las limitaciones técnicas de la transmisión televisiva. Un “testigo” está convencido de haber vivido la experiencia de cualquier hecho por solo verla a través de la televisión, a través de una transmisión en vivo que pretende ser la máxima prueba de la realidad de lo que sucede in situ.

Digamos que la televisión empoderó al espectador para que sea un “testigo” de la realidad, limitando así su capacidad de cuestionarse el cómo ve las cosas. Los conspiracionistas están convencidos, a partir de la desconfianza a las autoridades, que la cobertura televisiva de la intervención fue una puesta en escena. Incluso, hay videos en YouTube que cuestionan todos los elementos visualizados durante el registro policial, dando cuenta que son “testigos” a partir de lo que se ve sin reparar en el cómo se ve la realidad. Y por cómo se ve me refiero a reparar que lo visualizado a través de la pantalla es resultado de una práctica periodística confusa en un ambiente tenso, donde los detalles pueden pasarse por alto debido al frenesí y a la tensión de la cobertura.

Incluso en el ámbito periodístico de las transmisiones en vivo, la televisión no deja de ser una ficción. Asumir sus imágenes como prueba pueden cumplir cualquier propósito según el discurso de quien desee interpretar la realidad por otros. La televisión nos ha hecho creer que podemos estar en todos lados, cuando en realidad sí “estamos” pero a partir desde la perspectiva de alguien más.

André Suárez Paredes

Es licenciado en Periodismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú y máster en Dirección de Empresas de Comunicación de la EAE Business School de España.  Le interesan los temas sociales aplicados en la tecnología y en la historia del Siglo XX. También se dedica a escribir ficción, curiosidades y análisis en su blog ‘No hablemos de cosas tristes’. Actualmente, trabaja como redactor y ‘podcaster’ del programa Depor Play, la sección de tecnología del diario Depor, y como asesor comunicacional en empresas privadas.

Síguelo en: http://nohablemosdecosastristes.com

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Podrás seguirnos por medio de nuestras redes sociales y estar al día con nuestras actividades.

SÍGUENOS

CONTACTANOS EN:
Calle Carlos Ferreyros Nº 960, Of. 301 - San Isidro
Teléfono: 386 7850
Email: revista@cocktail.pe