“La caja no tan boba”: El otro valor de la verdad

Escribe: André Suárez

‘El valor de la verdad’ tuvo como un invitado a Pedro Moral. Quizá no haga falta decir más para que sepas quién es dicho personaje. Si esto es así, entonces estoy dando en el clavo respecto a cómo la vida privada se ha vuelto una cuestión pública en un programa de televisión que premia con efectivo la ventilación de los trapitos sucios.

Pedro Moral es la ex pareja de la socialite Sheyla Rojas, cuyo abogado avivó -quizá inconscientemente- el drama de lo que iba a saberse en el programa conducido por Beto Ortiz si es que acaso las revelaciones íntimas de Moral afectaran psicológicamente a su clienta.

¿Quién no iba a perderse tremendo show mediático con esa traba jurídica? Lo cierto es que ‘El valor de la verdad’ hizo un promedio de 26.8 puntos de rating el pasado fin de semana, ubicándose en un primerísimo primer puesto luego de ‘El wasap de JB’ (10.3) y ‘El reventonazo de la Chola’ (12.7).

Los programas de espectáculos no se quedaron atrás y dieron cabida al descargo de Sheyla Rojas. Fue en el programa de la competencia ‘En boca de todos’ donde Rojas aclaró que no es una “persona frívola” y “no terminó porque él no tuviera plata”.

Quizá el drama tenga para unas semanas más mientras se prepare la denuncia y el consecuente proceso judicial contra Pedro Moral. Lo que sí me llama la atención es cómo llegamos a este punto en el que Sheyla Rojas, la afectada por el drama mediático de su intimidad, extienda aún más la exhibición de su vida privada en medios de comunicación.

Ocurre que resulta paradójico denunciar algo cuyo efecto supuestamente es nocivo para la integridad psicológica y acabar haciendo precisamente eso que estás denunciando. Es entonces cuando la exhibición de la “vida real” en televisión acaba siendo incongruente con los valores de la esfera privada, incluso cuando alguien exige mayor reserva de cierta información sensible.

Esto nos lleva pensar que ‘El valor de la verdad’ promueve actividades así al premiar económicamente las revelaciones íntimas de personajes públicos. Sin embargo, la aparición en TV es una decisión personal, por lo que en sí “no promueve” el vedetismo de la esfera privada. De hecho, quienes acuden al programa están mentalizados que lo que revelarán es algo que ya pueden hacer público, incluso cuando la audiencia televisiva cree que es todo lo contrario.

Pero es aquí donde entramos en un debate, ¿quiénes somos para evaluar el criterio de una persona sobre lo que él mismo cree que es privado o público en su propia vida? Por lo general, dar a conocer los detalles de una relación íntima es algo que mantenemos en privado; no obstante, en la cobertura televisiva, no rigen los mismos códigos de conducta, porque la TV no es la vida real, sino una escenificación de esta para hacer creer que es “real”.

‘El valor de la verdad’ resulta así un paradigma interesante sobre la construcción de la “vida real” al mostrar una supuesta intimidad a la audiencia, cuyo juicio de valor acerca de la privacidad no es congruente con lo puesto en escena. La televisión es una ficción donde las imágenes no son la realidad ni mucho menos “la verdad”, sino una invención intencionada según el formato y público objetivo, además de los intereses del programa. Lo que sí viene a ser “verdadero” es cómo reaccionamos ante un producto así, especialmente cuando evaluamos emocionalmente la escenificación de una aparente realidad.

André Suárez Paredes

Es licenciado en Periodismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú y máster en Dirección de Empresas de Comunicación de la EAE Business School de España.  Le interesan los temas sociales aplicados en la tecnología y en la historia del Siglo XX. También se dedica a escribir ficción, curiosidades y análisis en su blog ‘No hablemos de cosas tristes’. Actualmente, trabaja como redactor y ‘podcaster’ del programa Depor Play, la sección de tecnología del diario Depor, y como asesor comunicacional en empresas privadas.

Síguelo en: http://nohablemosdecosastristes.com

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