La caja no tan boba: El otro venezolano

Escribe: André Suárez

La televisión no es ajena a la inmigración venezolana. La convivencia con nuestros hermanos latinoamericanos ha generado interesantes cambios a nivel sociocultural, algo que podemos identificar si es que observamos con cuidado a las distintas producciones audiovisuales que disfrutamos en la caja chica.

Un ejemplo lo tenemos en el programa ‘El wasap de JB’, donde vemos en los diferentes sketches la introducción de personajes procedentes de Venezuela, la mayoría de las veces como trabajador ambulante. Este último detalle es importante para comprender cómo es que el imaginario colectivo de la televisión identifica a los refugiados venezolanos como miembros informales de la economía nacional.

Otro cantar es en los medios de comunicación, especialmente en las compañías televisivas. En Internet, hay cierto debate sobre si puntualizar en la nacionalidad de un delincuente venezolano es un acto xenófobo o si acaso es pertinente para la elaboración de la noticia.

Siempre hay que tener en cuenta los detalles a la hora de informar, más aún si es que la noticia es compartida en un medio masivo como la televisión. No se trata de solo compartir datos en busca de la verdad, sino también hacerse responsable del discurso que hay detrás de dichos datos para dar cuenta del profesionalismo y la imparcialidad de la información.

Precisar en la nacionalidad de un delincuente es una referencia exacta a la identificación del sujeto, al protagonista de la noticia. Digamos que no hay mala intención si nos limitamos específicamente a los datos de la realidad: solo se habla que quien cometió un delito en particular es venezolano. No hay más.

El problema de limitarse a esta lógica es la construcción de una imagen social errada. Identificar a cualquier persona por su nacionalidad es ofrecer a la audiencia una etiqueta y, por lo tanto, un elemento constitutivo al imaginario colectivo de ‘lo venezolano’. Esto es potencialmente peligroso para quienes se basan en la realidad que expone la televisión para generar discursos xenófobos.

Entonces, la referencia a un simple dato como la nacionalidad de una persona merece mayor atención por las consecuencias que tiene al ser compartido por un medio masivo como la televisión. Las consecuencias ya las vemos en redes sociales, donde los usuarios peruanos solicitan a los portales web llamar “venezolano” a los implicados en noticias como “Hombre robó una tienda en Los Olivos” o “Ladrón asaltó un banco en La Victoria”.

Cabe precisar que este fenómeno de imaginar al otro en la televisión no es nada nuevo. Ya se venía haciendo desde antes con las actividades delincuenciales en los distritos más populares de Lima. Solo que ahora los niveles de discriminación son más altos, porque se trata de nacionalidades distintas. Ya hablamos de un otro masivo que es fácil de identificar por sus rasgos faciales y culturales, y  -por lo tanto- expuesto a ser juzgado según comunidades locales y por los medios de comunicación.

No quiero cerrar este artículo sin un poco de esperanza. No creo que todo esté perdido, a pesar de que la televisión confunde la democracia con el raiting. Una solución sería replantear la cobertura televisiva respecto a la situación de una población vulnerable a la xenofobia, a pesar de que las noticias sobre los malos elementos de “lo venezolano” sea lo más atractivo para la audiencia.

Aquí es cuando llegamos al punto más incómodo sobre las tendencias del mercado. ¿Se justifica un replanteamiento del hacer televisivo en beneficio de “lo correcto”, pese a que la audiencia se sienta atraída por la conducta del otro? Obvio que se justifica si es que se trata de fidelizar a los televidentes con una prensa de calidad, pero si la estrategia televisiva es ganar cada vez más audiencia atendiendo el comportamiento del mercado, temo que las cosas nunca cambiarán.

André Suárez Paredes

Es licenciado en Periodismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú y máster en Dirección de Empresas de Comunicación de la EAE Business School de España.  Le interesan los temas sociales aplicados en la tecnología y en la historia del Siglo XX. También se dedica a escribir ficción, curiosidades y análisis en su blog ‘No hablemos de cosas tristes’. Actualmente, trabaja como redactor y ‘podcaster’ del programa Depor Play, la sección de tecnología del diario Depor, y como asesor comunicacional en empresas privadas.

Síguelo en: http://nohablemosdecosastristes.com

 

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