La caja no tan boba: ¿La televisión mata?

Escribe: André Suárez

A lo largo de la historia, los televidentes han sido testigos de cómo la presión mediática llevó a algunos sujetos a tales extremos como el suicidio o el asesinato. Digamos que es la cara más oscura del espectáculo, tan polémica hasta el punto de generar todo un debate sobre la calidad del contenido televisivo y la designación de responsabilidades sobre quiénes aparecen en escena. Nadie quiere ser culpable de una tragedia así y lo acontecido en Reino Unido sirve para reflexionar sobre cómo consumimos la televisión y los límites de lo mediático en la vida privada. El espectáculo televisivo puede parecer algo inocuo, pero lo cierto es que muchos se lavan las manos cuando las cosas acaban en tragedia.

“Jeremy Kyle Show” es un programa sensacionalista emitido por el canal ITV. Para no entrar en detalles, este es una especie de “Laura en América” para la televisión británica, donde la gente común y corriente exhibe sus problemas íntimos. Uno pensará que se trata de una actuación, como sucede en muchos otros talk shows, pero “Jeremy Kyle Show” sí que tenía algo de veracidad en sus casos. Y es que nadie se suicidaría por un simple “espectáculo” a cambio de dinero.

Steven Dymond fue hallado muerto el pasado 9 de mayo, una semana después de haber grabado un episodio de “Jeremy Kyle Show” en el que se sometió al detector de mentiras para aclarar una presunta infidelidad. Dymond asistió voluntariamente donde la producción para hacerse la prueba y así resolver las inquietudes de su prometida Jane Callaghan. Las cosas no salieron como Dymond esperaba: durante la grabación del programa, él falló la prueba y sintió toda la presión de la audiencia invitada al set. La vergüenza fue tanta que abandonó la grabación envuelto en lágrimas. “Solo quiero decirte que lo siento antes de irme. Mi vida no tiene sentido sin ti”, escribió Dymond a Callaghan antes de ser hallado muerto.

La producción de “Jeremy Kyle Show” insiste con que intentó comunicarse con Dymond luego de que abandonara los estudios. Respecto a la condición psicológica del invitado, los voceros del programa precisan que Dymond presentó una carta de su médico de cabecera en la que se aseguraba que podía participar en el episodio sin ningún problema, a pesar de haber sido diagnosticado con depresión. ¿De quién podría ser la culpa de todo este embrollo? “Jeremy Kyle Show” fue cancelado tras 14 años al aire, toda una proeza en el mercado televisivo, a pesar de las críticas contra su contenido.

Por un lado, los ejecutivos de ITV asumieron la responsabilidad y levantaron el espectáculo de Jeremy Kyle, una decisión que la audiencia británica tacha de “oportunista”, porque el programa atravesaba por un descenso en el raiting. Y por el otro lado, Dymond sobredimensionó la presión pública tras exhibirse en TV pensando que el detector le iba a dar la razón sobre su supuesta infidelidad.

¿La televisión es en sí responsable de esta sobredimensión de la realidad que acabó afectando la psique de Dymond? Pues sí, pero se trata de una responsabilidad compartida. La televisión tiene la capacidad de difundir masivamente un hecho específico, pero no se trata de “cualquier hecho”, sino de aquel que es producido específicamente para una audiencia según los estándares de calidad de determinada empresa. Es, entonces, en este ambiente al que Dymond fue sometido, un espacio donde la audiencia juzga acaloradamente lo que la producción ponga en escena, y para esta fórmula hay tanto un rol activo de la audiencia como la del programa.

El suicidio en sí es una tragedia y una decisión personal. La circunstancia en la que sucedió pudo haber sido distinta, ya que el espectáculo acabó devorando las buenas intenciones de Dymond, a pesar de haber recurrido a un medio bastante cuestionado. Puede decirse que la televisión no mata en sí, sino el agobio del poder de la imagen mediática, la sobredimensión del espectáculo como agente de la realidad.

André Suárez Paredes

Es licenciado en Periodismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú y máster en Dirección de Empresas de Comunicación de la EAE Business School de España.  Le interesan los temas sociales aplicados en la tecnología y en la historia del Siglo XX. También se dedica a escribir ficción, curiosidades y análisis en su blog ‘No hablemos de cosas tristes’. Actualmente, trabaja como redactor y ‘podcaster’ del programa Depor Play, la sección de tecnología del diario Depor, y como asesor comunicacional en empresas privadas.

Síguelo en: http://nohablemosdecosastristes.com

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