La caja no tan boba : Los apellidos del poder y el mesianismo de la caja chica

Escribe André Suárez Paredes

Ya pasadas las elecciones municipales y habiendo ganado Muñoz. Para el publicista Sandro Venturo en declaraciones a un diario local consideró que ganó la elección por, entre otros motivos, “manejar la comunicación de manera impecable luego del primer debate municipal. Luego del cual siempre se mostró moderado en sus intervenciones en la televisión y en la prensa. Evitó descalificar a sus rivales y mostró una imagen de alguien técnico, solvente y profesional, y eso es algo que ahora valoran mucho los jóvenes.

Dicho análisis resulta cierto, pero ¿se habían dado cuenta de que recordamos mejor los apellidos de los candidatos a la Municipalidad de Lima que sus respectivos partidos políticos? Y Muñoz no es el apellido de excepción. Usualmente responsabilizamos de esta circunstancia a las agrupaciones políticas, cuyo único objetivo es tratar de ganar la contienda electoral aprovechando las virtudes mediáticas del candidato sin preocuparse en un proyecto a largo plazo.

Seamos sinceros, es más fácil vender un rostro carismático como imagen política que extensos documentos -esperemos bien escritos- de planificación municipal. Bastaba echar un vistazo a la lista de los 20 partidos que pretendieron hacerse del sillón municipal de Lima para identificar que los favoritos en la intención de voto son los más mediáticos.

Veamos algunos ejemplos interesantes, debido a que su posicionamiento político en la contienda electoral tiene raíces comunes en la televisión.

Daniel Urresti (Podemos Perú) se ha posicionado en el imaginario colectivo como el experto en seguridad desde que fue ministro del Interior en el gobierno de Ollanta Humala. Su habilidad histriónica lo ha hecho un personaje carismático, a pesar de las investigaciones en su contra en el Poder Judicial por el caso Hugo Bustíos.

Renzo Reggiardo (Perú Patria Segura) no tendrá el mismo carisma que Urresti, pero logró posicionarse en el imaginario colectivo como experto en seguridad ciudadana gracias a su programa televisivo “Alto al crimen”, donde apareció como un aliado de la Policía Nacional del Perú. Conducir un programa donde se muestra el éxito de las fuerzas del orden da la impresión de ser un especialista, que conoce de lleno el trabajo policial porque muestra los operativos exitosos desde dentro de las unidades de acción.

Ricardo Belmont (Perú Libertario) es un candidato especial, porque aprovecha su dominio de la cámara para posicionarse en las elecciones sin ser considerado como un experto en alguna materia en concreto, como sucede con Reggiardo y Urresti respecto a la seguridad ciudadana. Digamos que Belmont busca diferenciarse como candidato con experiencia gracias a su última gestión municipal en la primera mitad de la década de 1990.

Ahora volvamos a la pregunta inicial de este artículo: ¿por qué recordamos mejor los apellidos de los candidatos que sus respectivas agrupaciones políticas? Pienso que la responsabilidad es compartida.

Por un lado, los partidos políticos incipientes giran alrededor de la figura del líder. Hemos sido testigos cómo en los últimos años las agrupaciones políticas desaparecen tras la campaña, existiendo únicamente para afianzar la estructura organizacional que el candidato requiere para postularse a la alcaldía.

El otro responsable es el discurso narrativo que emplea la prensa televisaba al abordar la coyuntura electoral. El formato de los programas informativos en la TV es muy ajustado en cuestiones de tiempo para desarrollar un análisis profundo de las circunstancias políticas y de la naturaleza de cada partido.

Hay programas cuya duración son más asequibles para trabajos de largo aliento como los dominicales, donde el noticiero hace uso del reportaje para informar de manera más exhaustiva el hecho noticioso. En cambio, si hablamos del noticiero diario, notaremos que la primicia domina la perspectiva periodística y la velocidad de la información es más vertiginosa. Hay menos profundidad de análisis, pero sí una mayor atención de los medios de comunicación en el desenvolvimiento de los candidatos a la alcaldía. Dicho desenvolvimiento se traduce en la fuente de la opinión pública para tener una perspectiva sobre un partido determinado.

Un simple error de cálculo de los postulantes puede significar la condena pública gracias a la imagen que la televisión proyecta a miles de ciudadanos. Aún hoy muchos piensan que Alfredo Barrenechea, candidato presidencial por Acción Popular en 2016, pudo haber ganado las elecciones si no hubiese rechazado un trozo de chicharrón en Cañete.

El resultado de mezclar la operatividad de los partidos políticos -desarrollada líneas arriba- con la fugacidad del discurso narrativo de los noticieros en TV es la proyección de líderes mesiánicos, personajes cuya sola aparición en la pantalla chica significa una porción representativa del electorado.

Digamos que la figura del líder del partido político funciona tanto para la campaña política como para el lenguaje televisivo. Mientras el líder asume la imagen del partido, volviéndose prácticamente uno mismo para efectos propagandísticos, los medios de comunicación echan mano de este mismo líder para la generación de contenido en la TV, porque es lo más instantáneo y representativo del partido político.

Mientras que el partido político hace del candidato un líder, la televisión lo transforma en mesías. Esta transformación es lo que finalmente se nos queda grabado ante todo el mecanismo proselitista de las agrupaciones políticas.

De allí es que los apellidos se vuelven tan importantes, porque se instalan en el imaginario colectivo a partir de una actividad política dominada exclusivamente por líderes y por una televisión cuya perspectiva de la realidad se ajusta a la exposición de ideas mediante personalidades. Lo preocupante es que esta práctica puede llevar a la omisión de información valiosa. Como ciudadanos responsables, no deberíamos contentarnos con lo que apareció en la pantalla chica para dejar de memorizar apellidos como si fueran marcas comerciales.

André Suárez Paredes es licenciado en Periodismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú y máster en Dirección de Empresas de Comunicación de la EAE Business School de España.  Le interesan los temas sociales aplicados en la tecnología y en la historia del Siglo XX. También se dedica a escribir ficción, curiosidades y análisis en su blog ‘No hablemos de cosas tristes’. Actualmente, trabaja como redactor y ‘podcaster’ del programa Depor Play, la sección de tecnología del diario Depor, y como asesor comunicacional en empresas privadas.

Síguelo en: http://nohablemosdecosastristes.com

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