La importancia de las pasarelas peatonales

En nuestra ciudad, cada vez es más frecuente la construcción improvisada de estructuras peatonales, que no se corresponden con las actividades que se realizan en la capital y que, además, no se integran con su entorno ni respetan la naturaleza, es preciso entender cuál es su importancia en el paisaje urbano.

El paisaje urbano no es más que el entorno natural modificado por el hombre para la creación de las ciudades y está compuesto por diferentes elementos como vías, edificios, parques, entre otros.Puentes y pasarelas peatonales sobresalen por sus dimensiones y aportes en el desarrollo de la vida urbana. Es por ello que el apropiado diseño de los mismos puede mejorar la calidad y el atractivo de los núcleos urbanos, así como su entorno inmediato.

A lo largo de la historia, el puente ha evolucionado conforme a las necesidades de la época. En sus orígenes, su función principal fue unir dos espacios separados físicamente por elementos naturales como ríos, sin embargo, con el desarrollo de las civilizaciones los puentes fueron adquiriendo múltiples roles.

Durante la época medieval, por ejemplo, facilitaban el intercambio cultural y comercial entre barrios, esto se veía reflejado en puentes con espacios amplios que contribuían al desarrollo de estas actividades. Como ejemplo podemos mencionar el puente de Rialto en Venecia, Italia. Construido en 1181, el llamado Ponte della Moneta era un puente flotante que cambió de denominación debido a su relación con el Mercado de Rialto. La importancia de este, aumentó el tráfico fluvial considerablemente cerca del puente, razón por la cual tuvo que ser reemplazado por uno de madera que permitiera el paso de los barcos. El desarrollo de actividades comerciales también influyó en su diseño, que incluyó la construcción de dos hileras de tiendas a los lados del mismo. El actual puente, diseñado por Antonio da Ponte y construido entre 1588 y 1591, además de responder a las necesidades de la vida urbana de la época, se integró con el paisaje urbano a través de su diseño con arcos de medio punto que armonizaban con la arquitectura de su entorno.

En la edad moderna, el crecimiento de las ciudades hacia las afueras de sus cascos urbanos generó una fragmentación, lo que llevó a la construcción de nuevos puentes peatonales que unieran los barrios modernos. Este es el caso de la pasarela peatonal Simone de Beauvoir ubicada en la ciudad de Paris, Francia (2006), que gracias a su construcción comunica los barrios de Tolbiac a Bercy y la Biblioteca Nacional François Mitterrand con el Parque de Bercy. Su estructura, producto del desarrollo de la ingeniería, logra cruzar el río sin tocarlo, respetando así la naturaleza.  El diseño de sus rampas amplias y en distintos niveles, permiten que su recorrido resulte agradable para el peatón, quién además puede obtener una vista panorámica del París histórico. La utilización de la madera y la correcta iluminación, le aportan al proyecto esa calidez que permite que se integre de manera armónica con el paisaje de la ciudad.

Mientras en las ciudades del antiguo continente, el diseño de los puentes es prudente y conciliador, en las grandes urbes tecnológicas el paisaje urbano está caracterizado por estructuras de acero y vidrio. En ese contexto, el puente peatonal de la Hélice en Singapur se erige haciendo gala de la elegancia de sus formas e integrándose de manera acertada con su entorno urbano.

Entre los criterios de diseño de los ejemplos mencionados se pueden rescatar: la respuesta a las necesidades del peatón, el respeto al medio ambiente, la integración con el paisaje urbano y el fomento de desarrollo de nuevas actividades en la ciudad.

Estos criterios deberían aplicarse a los puentes construidos en nuestra ciudad sin discriminar su tamaño y ubicación. No obstante, la polémica pasarela peatonal construida por la Municipalidad Metropolitana de Lima en la Costa Verde, no cumple con ninguno de estos.  Debido a que su construcción no cuenta con los estudios técnicos ni de impacto ambiental, la orilla de la playa se ha visto afectada al reducirse considerablemente lo que a su vez ha perjudicado el desarrollo de las actividades de los bañistas y tablistas; el ancho del puente no cuenta con el espacio suficiente para el paso de peatones y ciclistas, y sus barandas metálicas pintadas de color amarillo desentonan con el paisaje del lugar.

Los puentes peatonales son más que estructuras que sirven para unir dos espacios separados, son puntos de encuentro, miradores de la ciudad, aportan estéticamente al paisaje, son verdaderos ejes integradores y culturales. En una ciudad caótica como nuestra capital, en donde escasean las áreas verdes, se prioriza el automóvil sobre el peatón, y se degradan los entornos naturales para construir vías vehiculares, urge la necesidad de crear espacios públicos de calidad, que contribuyan al desarrollo de actividades culturales, respeten los entornos naturales y revitalicen el espacio urbano. El futuro está en mano de nuestros gobernantes.

Escribe Vivian Burga-Cisneros / Arquitecta.

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