“Las palabras y las cosas”: El espacio propio

Escribe Omar Amorós*

Hacer teatro en el Perú es una empresa digna de héroes, en primer lugar porque ir al teatro -lamentablemente- no es una costumbre de los peruanos, sobre todo cuando la economía familiar no está bien y lo primero que se deja de “gastar” es en el rubro entretenimiento, donde ubicamos al teatro y a otras actividades culturales.

En Lima Metropolitana, donde se percibe mayor movimiento teatral existe aproximadamente de 30 a 40 espacios para montar obras de teatro entre salas comerciales (grandes, pequeñas e independientes), auditorios de centros culturales, auditorios municipales y de colegios, y salas de ensayo. Sin contar el teatro que se realiza al aire libre o en el patio de una casa.  Ahora bien, como viven o sobreviven estos espacios (porque no se mantienen solos) es una pregunta que nos deberíamos hacer todos.

Si bien la mayoría, por no decir todos se solventan de forma privada, unos espacios la tienen más fácil que otros. Los centros culturales de las principales universidades del Lima (y por ende del Perú) “se supone” que deben tener un presupuesto para realizar sus actividades, al igual que la de los auditorios en colegios y municipales. Ahora, bien las salas comerciales son de tipología tan diversa que analizar sus ingresos daría para varias columnas más.

Las salas o espacios que se suelen llamar independientes son las en las que –tal vez- el espíritu teatral está más latente, con eso no estamos menospreciando a los demás espacios, sino diciendo que en ellos se puede vivir el hacer teatro de una forma más pura y honesta. Salas que tienen que luchar día a día con una arquitectura que puede que no juegue a su favor, o con una zona donde no hay mucho tránsito de personas o con funciones con poca o nula asistencia de público, pero sobre todo con los dueños de los locales o con un alquiler con los cuales hay que luchar constantemente.

Muchas salas y grupos teatrales han sucumbido en el intento, pero proyectos tan loables como el teatro Ricardo Blume, el teatro de Lucía, Microteatro Lima, El Centro Cultural Cine Olaya, Teatro Roma, Teatro Mocha Graña,  entre muchos otros luchan día a día para mantenerse a flote. Mención aparte para un reciente espacio: YESTOQUELOTRO, un emprendimiento cultural en Barranco,  un estudio teatro, espacio del director David Carrillo (Calle Pérez Roca 196) que rescata el espacio que albergó por años al Cinematógrafo de Barranco. Junto con su esposa Carla Revilla, (destacada productora de televisión y con más de quince años de experiencia en jefatura de prensa), YESTOQUELOTRO nace para darle albergue físico al Taller de Formación actoral de David Carrillo que tiene quince años de gestión y diecinueve promociones de actores ya lanzados al mercado laboral.

Conozco a Carla y a David hace algunos años y sé del amor, la pasión y la responsabilidad que le pone cada uno a su trabajo. Han pasado muchas cosas juntos, buenas y malas, sobre todo emergencias médicas para ambos, pero ni eso ha impedido que Carla acompañe a cumplir el sueño de su compañero de vida y ruta: “Desde el año 2003 creé el Taller de Formación actoral, y funcionó amparado bajo Plan 9 (como parte de sus actividades). Cuando me quedé sin local, estuve dictando en los dos últimos años en el Teatro Mocha Graña”, nos cuenta Carrillo. “Comencé a extrañar un espacio propio, durante esa etapa, y estuve en la búsqueda de un espacio pero que me permitiera ciertos niveles de independencia y así fue como mi esposa (Carla Revilla) y yo descubrimos que el Cinematógrafo lo estaban alquilando. Al verlo bien conservado, y con un gestor del espacio que tiene un amor por la cultura, no nos tomó más de dos semanas de tomar la decisión de darle un espacio físico a mi taller”. Por ese amor que le profesan David y Carla al teatro deseo larga vida a YESTOQUELOTRO.

*Editor de Cocktail

Carlos Omar Amorós Núñez

Periodista y Docente. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Martín de Porres. Ha llevado cursos de crítica cinematográfica y teatral. Ha trabajado en las agencias Neo Consulting y Making Connexion, y en las Revistas Siete y Velaverde. También ha ejercido como docente del área de comunicaciones para alumnos de primaria y secundaria, y como asesor de prensa para escritores. Actualmente es editor general de Revista Cocktail, redactor de cultura en el Diario Expreso, el Suplemento Variedades del diario El Peruano y el Suplemento La Jornada Cultural de Diario Perfil.

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