Los vinos diferentes

Hay especialistas que alertan, con la seguridad del caso, que el malbec llegó a su máxima expresión. Estas voces aseguran que ya no hay más que explorar con esta cepa, que ya se dijo de todo. Con barrica, sin ella, con diferencias de suelos, de altitudes, con vinificaciones de todas las formas posibles y el resultado sigue siendo el mismo: un vino coqueto y con personalidad. Pero esto, para los grandes mercados, sería un tema repetitivo que hasta puede llegar a aburrir. Por ello la diversificación de las uvas es un foco que viene siendo atendido en los últimos años. Se quiso darle fuerza al bonarda, por ejemplo, pero sin mucho éxito en el exterior. El cabernet franc, sin embargo, ganó adeptos por la complejidad que le dan los variopintos suelos mendocinos. Pero una de las bodegas que se adelantó a toda esta coyuntura fue Cicchitti, con sus cepas italianas bien definidas.

En sus viñedos alojados en los valles de Uco y Lujan de Cuyo, José Cicchitti cultiva no solo las comerciales malbec, cabernet sauvignon, cabernet franc, bonarda y merlot, sino también sangiovese, pinot noir, tannat, semillón, chardonnay y torrontés, logrando un portafolio amplio y singular. La altura que maneja entre sus viñedos van desde los 900 y 1200 metros, lo que le permite tener una diversidad de terroirs y expresiones en cada una de sus viñas. De sangiovese, por ejemplo, tiene plantadas y en producción 25 hectáreas, de las cuales solo vende el 20% a otras bodegas que requieran esta uva, porque parte del negocio es la venta de uvas, ya que tiene en sociedad junto a su hermano, además, ocho fincas para tal fin. Por ello cuando compra uvas, también no se pasa del 20% de lo que necesita, con el único fin de mantener un perfil auténtico de sus vinos.

Pero no todo fue fácil con estas cepas. Cuenta Cicchitti que abandonó la sangiovese, merlot y pinot noir hasta en tres oportunidades, ya que no le regalaban vinos redondos, más bien la tanicidad era demasiado invasiva y no daba con el punto de madurez en vendimia. La historia cambió cuando visitó Pomerol en épocas de poda y pudo conocer la correcta conducción que recibía, en este casi merlot. Así pudo corregir ciertos aspectos en poda y en cosecha que le permitieron domar estas uvas. Hoy tienen 90 y 91 puntos Parker para su merlot. Ya en la bodega, José se animó a descorchar un merlot y estaba de ensueño. Mucha ciruela, vainilla y café en nariz. En boca elegante, con taninos amables por su leve paso en barrica (solo tres meses). Lo que le da la redondez son los 16 meses que reposa antes de salir a venta. El tiempo es la clave. Un tino fino, esos puntos Parker están bien ganados.

Al beber el Sangiovese Cicchitti Colección 2012 nos pudimos dar cuenta que José no es un carpintero, sino un bodeguero. La madera solo la usa para acompañar, la fruta manda en sus vinos. Pese a que este vino pasa cinco meses en barrica, las notas amenas del sangiovese saltan en la primera nariz: flores y frutos rojos marcan el olfato. En boca es levemente dulce pero sin cansar, típico de esta cepa. Tiene un final medio que te pide algo de comida. Pero el que se robó las palmas fue el Pinot Noir Cosecha Familiar 2012. Uno de esos vinos que se pegan en la memoria por años. Maduró seis meses en barrica para darle unas notas chocolatadas, un poco de vainilla y rosas en nariz, lo que lo hace bien complejo. Pero en boca es redondo, con garbo, tiene unos bemoles dulces y ácidos bien medidos, lo que te permite beberlo sin acompañamiento. Es de esos vinos que son solo para ti.

Aunque la joya de la casa, al menos a mi gusto, es el Malbec Cicchitti Gran Reserva 2012. Acá José si pecó un poco de carpintero con los doce meses de barrica que le dio a este gran vino. Para ser 100% malbec los 14º de alcohol se marcan en boca, pero no de una manera invasiva, sino que están domados, tan solo escapa la calidez. Lo especiado es lo que se deja sentir en nariz, entre pimienta negra, un poco de regaliz y una violeta cálida. Realmente es complejo. En boca es persistente, largo, recordando un leve membrillo maduro. Pide picar quesos con fibra y fiambres maduros. Por último pude catar, entre otras sorpresas de esta bodega, el Soigne Brut Nature Millésimé 2010. Según el atento José, esta añada fue para sacarse el sombrero, sin problemas de enfermedades del chardonnay, con el clima correcto, la maduración exacta. Todas las condiciones para un millésimé.

La filosofía para los espumantes en Cicchitti es férrea. Tienen que pasar por lo menos 32 meses en sus lías. En cuanto a este espumante en particular, la fruta predomina, pero juega de la mano con la levadura. Al final hay matices cítricos. En boca lo tropical destaca, con melocotones, una lima marcada, pero a su vez es fresco y con una acidez media. Las 34 vendimias que lleva José Cicchitti encima han perfeccionado su muñeca como enólogo. Hoy está en pleno crecimiento de su zona productiva, ya que su presencia en el exterior así se lo demanda. Lo interesante de todo es que estos buenos vinos están en Lima gracias a Trade Gourmet, que están ampliando el portafolio de esta marca poco a poco. En los próximos meses llegarán sus espumantes y los blancos, ya que tienen un chardonnay que está para pedirlo dos veces. La charla con José en su bodega fue interesante. Salud por ello.

Fotos y textos de John Santa Cruz / Director de Cocktail

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