Pazo Señorans: El albariño con frescura

Los albariños se han acomodado muy bien al paladar peruano. Suelen ser vinos amplios, complejos y frescos, que se enlazan como anillo al dedo a la diversidad gastronómica peruana. Para ampliar las etiquetas gallegas ya existentes, acaba de llegar a Lima Pazo Señorans, una bodega que va al segmento premium con dos blancos deliciosos.

Escribe John Santa Cruz*

Hace poco estuve por toda Galicia catando vinos de sus cinco denominaciones de origen, con un grupo de editores de revistas de vinos de diversas partes del mundo, logrando conocer un poco más las expresiones de cada zona productora. Por día probábamos unos 70 o 80 vinos de Valdeorras, Ribera Sacra, Ribeiro, Monterrei y Rías Baixas, que nos tomó un par de días por la cantidad de etiquetas a analizar. Y precisamente ésta última denominación me cautivó por la diversidad de perfiles que encontraba en sus distintas líneas, lo que me desterró ciertos prejuicios que tenía para la albariño. Me llamó la atención los tonos lácticos; además, del frescor y fragancia de sus vinos. En vista presenta tonalidades amarillas variadas, desde verdosas a doradas y vinos de cuerpo medio. Sus sensaciones aromáticas pueden ser muy variadas y complejas, los cítricos como el pomelo, las manzanas verdes, el albaricoque y el melocotón son frecuentes. Los aromas a pera y a hierbas frescas también andan por allí; sin olvidar que su carácter floral es característico, en especial las flores blancas. A groso modo son los perfiles que rescato.

Como toda denominación, los rostros de los vinos van de la mano con su suelo y ubicación. En este caso, Pazo de Señorans se aloja en Meis (Pontevedra), puntualmente en el valle del Salnés, corazón de Rías Baixas. Es una bodega a la que se le atribuye la apuesta por la crianza del albariño. Pazo Señorans inicia su trayectoria en 1979 con la idea de hacer vino para uso particular. Rápidamente se dieron cuenta del potencial que tenía esta noble variedad y de lo especial que era el vino y apostaron por este proyecto. En la actualidad cuenta con 20 hectáreas de uva albariño con un trabajo de viticultura muy cuidado y respetuoso y cuya filosofía es: calidad y respeto por la variedad. Detrás de este grato proyecto están Soledad Bueno y Javier Mareque. Es hasta 1990 cuando la bodega etiqueta siete mil botellas con su marca. El respaldo de ser la Presidenta del Consejo Regulador Ría Baixas desde 1986, le dio a Marisol toda la confianza para darle una personalidad única a sus vinos. Ella apostó por la crianza en lías. Es más, fue el primer albariño bajo este manto, el cual causó un revuelo entre los viticultores, quienes la criticaron en un inicio, pero con los resultados terminaron por seguir su camino.

Los viñedos de Pazo Señorans están muy cerca al mar, casi a diez kilómetros, pero estar a tiro de piedra del Atlántico no necesariamente es el principal factor para que sus vinos tengan marcada esas notas minerales y un tanto salinas (en menor escala). Más bien ellos atribuyen estos descriptores al xabre, que es un granito puro degradado a causa de la alta humedad que afecta a la zona. Es muy raro encontrar este tipo de suelo fuera de las Rías Baixas. Las características climatológicas del entorno, unidas a la morfología de los suelos (pobres, ácidos, arenosos y delgados) proporcionan a sus uvas unas características propias de aroma y frescura. Tienen tres líneas, muy diferenciadas pero manteniendo la misma filosofía y estructura. Pude probar la línea más alta, Selección de Añadas, en un velero por ría de Arosa, la cuál me llamó mucho la atención. Es un vino con mucha boca donde la fruta sigue marcando la pauta. Las uvas provienen de viñedos de más de 45 años y tiene una crianza de más de 30 meses sobre sus lías. Aparte de ello, pasa un año en botella para terminar de redondear al vino. Un blanco muy especial, con mirada franca y cimientos duros. Bien gastronómico. Se robó todo mi paladar aquella tarde.

A Lima llegan las líneas Pazo Señorans, vendría a ser un vino de entrada, pero eso no quiere decir que sea básico; para nada. Tiene cinco meses de crianza en lías y unos cuatro meses en botella antes de salir a la venta. Representa muy bien un buen albariño. Lo probé hace poco y me gustó su aspecto amarillo pajizo, brillante con reflejos verdosos. Tiene una intensidad alta y marcado carácter varietal. En boca es amable, frutal y resalta lo mineral. Luego bien el Colección, un escalón más arriba, acá nos vamos para los cinco meses de crianza en lías, pero la diferencia son los treinta meses en botella que le dan. Esto genera otro perfil, más oxigenado, que nos da un vino muy elegante, de bien perfil y con una boca amable pero a la vez imponente. El tiempo, para mi, es el mejor perfilador del vino. Ahora que el albariño está de moda en Lima, es una buena excusa para conocer esta cepa y, sobre todo, esta bodega que representa muy bien a esta cepa.

* Director de Cocktail

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