Sigrid Bazán: Confesiones tras cámaras

Gran lectora y aficionada a la música, Sigrid Bazán es uno de los rostros más reconocidos de la televisión local, no solo por su participación en el noticiero de Latina, sino también por la férrea defensa de su posición frente a los distintos escenarios políticos que vive y padece nuestro país.

Escribe Jorge Condemarin Fernández / Foto Nick Gutiérrez

Con tan solo 27 años, la politóloga Sigrid Bazán ha sabido posicionarse en nuestra siempre convulsa vida política. Empezó haciendo prácticas en Radio Exitosa, después de haber sido activista y vocera de la Federación de Estudiantes de la PUCP. Luego pasó al diario La República, donde en plena coyuntura electoral, Latina le ofrece ser panelista en el dominical Sin Medias Tintas. Con dos años ya en el canal de señal abierta y como parte del noticiero principal, Sigrid no ha dejado de creer en que hay que reinventar nuestra política.

– ¿Cómo nace tu inclinación hacia la política?

Mis últimos años en el colegio me acercaron mucho a la política por los cursos que llevaba. Luego ingresé a la carrera de Derecho en la PUCP, pero yo quería estudiar Filosofía. Al final decidí estudiar Ciencias Políticas, que me acercaba un poco más a la coyuntura. En primer año fundo un colectivo y postulo a la Federación de Estudiantes. Comencé entonces a hacer labor social, pero no quería sentir que era la buena acción del día. La idea era hacer algo más grande, que involucrara a mucha más gente. ¿Cómo haces eso? Bueno, con política, ¿En qué lado de la política te ubicas que tenga un acercamiento con el pueblo? Yo solo lo veía en la izquierda. Cuando entré a la universidad hubo un paro muy grande de la CGTP a nivel nacional. Un año después, en 2009, sucedió la tragedia de Bagua. En medio de todos esos conflictos, quienes representaban a los sectores más oprimidos era la izquierda. Yo me sentía muy vinculada a eso.

– Mucha gente asocia a la izquierda con las ideas y acciones extremistas, como el terrorismo…

El terrorismo ha dejado muchas secuelas en el imaginario de las personas y entiendo que sea muy doloroso que haya aún un partido comunista que utilice la misma simbología que utilizó Sendero Luminoso en su época, pero esto no es responsabilidad del partido comunista. Sin embargo creo que sí existen muchísimas ganas de un buen sector de la población de querer estigmatizar a todo aquel que forme parte del juego político y que busque ver el lado social o colectivo. En ese sentido, la izquierda debe sentar más posición, fomentar el debate. Parte del trabajo es entender que las cosas se ganan en la cancha con argumentos y que la lucha armada no va más.

– ¿Es mejor entonces hablar del cambio de personas en lugar del cambio de ideas?

Creo que la izquierda y la derecha y todos los partidos no deben cambiarse, sino reinventarse. Deben entender que se debe empezar, digamos, a comentar y analizar la realidad de acuerdo a la coyuntura actual y no traer siempre a colación la coyuntura de hace 50 o 60 años. Creo que la izquierda debe retomar términos que siempre han sido suyos, reinventarlos y comunicarlos a la gente. Hacer entender que el color rojo o amarillo no necesariamente significan terrorismo, y no solo eso sino en general, por ejemplo, el puño.

– ¿En qué países ha triunfado la izquierda?

Portugal tiene uno de los gobiernos de izquierda más sólidos, pero es otro contexto. Hay gobiernos que no necesariamente son comunistas pero son socialdemócratas, y estamos hablando de la mayoría de los países más desarrollados de Europa, como Irlanda. Pero evidentemente tratar de decir que Venezuela está mal porque es de izquierda y que a todo país que sea de izquierda le va a ir mal, es como decir que porque Irlanda está bien y es socialdemócrata, entonces a todos los países que intenten ser así les va a ir bien. Perú tiene costa, sierra y selva, tiene una diversidad que acentúa el conflicto y no está mal, lo que está mal es cómo estamos lidiando con esto. Hay que aprender a trabajar más en nuestra propia realidad y no estar trayendo comentarios de países donde no hemos vivido y cuya realidad no entendemos.

Ser mujer en una sociedad machista

No se considera una mujer libre aunque reconoce tener muchos privilegios. “No todas las mujeres tienen eso. Mis padres me han podido dar todo y he tenido una educación en una de las mejores universidades del país. Soy muy consciente de dónde estoy y por ende de cómo veo el mundo desde mi posición. Y sé que la mayoría del país no pasa por eso. Hace poco una de las estadísticas que soltaron es que el 75% de las mujeres no siente que goza plenamente sus derechos en el país, y solamente un 24% de los altos cargos son ocupadas por mujeres” agrega.

– ¿Cómo puede revertirse eso en la sociedad?

Si tuviera un hijo, lo primero que haría es inculcarle ciertos valores que partan por el hecho de que él no es un machito, que él puede llorar y no puede solo jugar con carritos y vestirse de color azul y que las mujeres también pueden correr y jugar, vestirse de azul y llorar igual que él. La educación debe ir a la par con esto. No puede ser que en el país haya tan pocos centros especializados en casos de violencia sexual. Tapar esos huecos va a la par con la educación en la medida en que cada escuela tenga una currícula donde se les enseñe a los niños cómo cuidarse.

– ¿Qué libros recomendarías a un estudiante que se está iniciando en la política?

Es un poco complicado porque yo empecé leyendo filosofía, pero si me gustó mucho “Política para Amador” de Fernando Savater. Es muy básico y de fácil lectura. Si gustan de novelas, “Rosa Cuchillo” de Oscar Colchado; Redoble por Rancas, de Manuel Escorza. Y por el lado de libros históricos, “El Perú en la era de China” que es un poco denso pero muy bueno. Los libros de la época del terrorismo sirven mucho para entender la importancia del aspecto político y como esto afectó al Estado. //

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