Un sueño cumplido

Estudió zootecnia porque sus padres son de Ayacucho y se han dedicado a la ganadería toda su vida, y esa era una forma de estar ligada con el negocio familiar. Ella nació en Lima, pero nunca estuvo desconectada del campo, me cuenta que lo bonito -y bueno- del pueblo de sus padres es que nunca existió tanta tecnología, recién en los últimos años se ha visto un mayor y mejor uso de la misma. Desde niña le gustó dibujar y su curso favorito en la escuela fue biología, porque tenía que crear dibujos por montones. Ya luego que terminó su carrera y empezó a trabajar, se dio cuenta que la vida no era solo trabajar y hacer dinero. Allí notó que era una persona muy triste porque estaba haciendo algo que no le gustaba; además que la ganadería que ella conoció consistía en tener los animales sueltos en la chacra, en cambio en Lima éstos están toda su vida en un establo.

Decidida a cambiar, postuló a la Escuela de Bellas Artes y con una experiencia de vida (con otros estudios y trabajo) fue a cumplir sus sueños con el horizonte más claro. “Vivir del arte es otra experiencia, pues pintas, creas productos de los cuales yo realmente me sentía satisfecha, y que pueda decir esto es lo que me representa y esto es lo que quiero que la gente reconozca de mi”. Flor considera a su pintura “post surrealista romántica”, porque ve a sus niñas (dibujadas y pintadas) con actitudes cándidas y tiernas soñando a su vez cosas de su infancia. Su pintura se basa en la infancia netamente, en los sueños, es decir, si una niña (en su caso) quiere ser aviadora, diseñadora de modas o artista, no hay nadie (adulto) que le diga que no, porque lo ven como un juego. Su arte refleja eso, sueños de niña que aún no han sido ahogados por los adultos.

cuadros de sus ya famosas niñas se caracterizan por poseer ojos grandes. Flor nos cuenta que se debe a que desde siempre le gustaron las muñecas de ojos con esas dimensiones, e incluso que cuando empezó a pintar quiso hacer muñecas y no niñas, pero solas se empezaron a humanizar, hasta que quedaron como están hoy en día. Dicen que los ojos son los espejos del alma y Flor lo sabe bien. Ella se ha dado cuenta que a sus niñas las hace con las miradas tristes, incluso le ha pasado que cuando a un potencial comprador le gusta uno de sus cuadros, éste le dice que está muy bonito, pero la niña un poco triste. “Siempre trato de hacerlas más sonrientes, pero me salen nostálgicas y melancólicas, y eso viene de mí, porque soy introvertida”.

 

Ella trabaja sus fascinantes cuadros en óleos sobre lienzo, también hace dibujos y recientemente trabajos en acuarela. Padilla es de esas artistas que quiere dominar bien un estilo para luego pasar a otra técnica. Es muy perfeccionista al momento de pintar. Nos comenta que hay cuadros de su primera etapa que no los quiere ni mostrar porque ella misma se dice ¿cómo pudo haber hecho eso?. Pero guarda esos trabajos para sí porque siente que han sido parte de su proceso creativo, y que los puede volver a utilizar solamente en caso de hacer una retrospectiva de su trabajo.

Flor tiene un tema recurrente en su arte: el mundo de Alicia en el País de las Maravillas (libro escrito por Lewis Carroll en 1871), el que recién leyó de grande y del cual quedó fascinada para la eternidad, sobre todo por la simbología que representa. Al principio de su carrera como pintora empezaron a salir muchos cuadros sobre Alicia, pero actualmente ha dejado de hacerlos, pero cada cierto tiempo siempre vuelven, porque cuando está dibujando alguna de sus niñas, puede pensar qué linda quedaría si estuviese volando sobre una tetera, por ejemplo.

 

Padilla no solo tiene como referencia para sus obras el libro clásico de Alicia, sino también las películas sobre Alicia del genial Tim Burton (y todo su cine en general). Pero si hablamos de influencias directas sobre su estilo artístico, Flor nos menciona en primer lugar a Mark Ryden, pintor estadounidense que forma parte del movimiento Lowbrow o Surrealismo Pop, en cuyas niñas aparte de ternura se pueden encontrar cosas macabras. Y luego señala a Margaret Keane, artista estadounidense que retrata niños, niñas y mujeres con ojos grandes y cuya vida fue llevada precisamente por Tim Burton en su película Big Eyes.

Las cat girls (niñas con rasgos felinos) nacieron en el 2012, fueron de los primeros bocetos de sus niñas melancólicas. Para ese entonces también dibujaba máscaras y juguetes a raíz de unos trabajos del último año de la escuela de arte. Creaba chicas sin manos. “En mi cabeza tenía eso que los adultos decimos siempre a los más pequeños, que no toques o agarres eso o aquello, que representaba el no dejar explorar”. Siempre le han preguntado por qué solo dibujas chicas o niñas, y realmente hasta hoy no sabe a ciencia y cierta porqué. Nos trata de responder que es tal vez porque su familia es una especie de matriarcado, casi toda formada por mujeres y que lo hace de forma inconsciente, pero a veces ha hecho cuadros con un niño y una niña. Como ella misma dice no hay que forzar las cosas, los cuadros salen de forma natural.

Flor está casada con Ronald Companoca, otro pintor (peruano) como ella, y por el contrario de lo que la mayoría de personas pueda pensar, estar casado con otro artista no es ningún problema. No se roban los clientes o hay una competencia diaria. Por el contrario, si uno de los dos tiene un cliente, la mayoría de las veces se interesa también por el arte del otro. Tienen muchos clientes que le compran a los dos juntos, porque ambos transmiten  en sus temas esa sensación de regreso a la infancia que muchas personas buscan. La clave para que su matrimonio –y su trabajo funcione– es que no se ven como competencia, sino como complemento. Si alguno de los dos tiene problemas con un cuadro, llama al otro para que le de un consejo al respecto. Lo que sí desea en algún momento hacer con él es una bipersonal, solo tienen que buscar el tiempo oportuno, porque el tema ya lo tienen: la infancia y la fantasía recurrentes en el trabajo de ambos.

Flor Padilla respeta toda forma de pensar respecto a que si el arte se debe o no vender. Pero, la gran y verdadera pregunta para ella es: ¿de qué vives? Ella tiene bien en claro que no vive para ganar plata, pero que es importante tener su independencia y eso es una consecuencia de vender sus pinturas, esto le permite pagar las cuentas, sobrevivir. “Si el artista no va a vender su obra para sobrevivir, tiene que dedicarse a otras cosas, al final termina contradiciéndose porque tiene que dejar de hacer lo que le apasiona para vivir. Si tú quieres dedicarte a pintar de lleno, creo que tienes que comercializar tu obra, de repente no los originales, sino solo prints (impresiones) o ambas, pero vendiéndolas al fin y al cabo”.

Actualmente está preparando su segunda exposición individual, que se llevará a cabo en octubre y que tratará sobre su tema favorito: Alicia en el País de las Maravillas. Ya empezó con sus bocetos, puesto que la está preparando con tal emoción que se nota en su mirada (ya hace 4 años de su primera exposición recién salida de las aulas de Bellas Artes. A la par sigue con sus cuadros por pedido que son bien demandados en el cada vez más fructífero mercado del arte peruano, por ello visiten su catálogo on line en su fanpage de Facebook: Flor Padilla Arts, sus pinturas son realmente surrealistas.

Escribe Carlos Omar Amorós / Periodista

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