Una historia nada pequeña

Por Pepe Forte

El Mini Cooper es sin duda un ícono generacional, un coche con una historia interesante y, por si fuera poco, ha de admitirse su inmortalización por lo menos en dos registros fílmicos: en la película Magical Mystery Tour de Los Beatles (1967), y en la serie de comedias del tonto personaje de Mr. Bean, protagonizado por el actor inglés Rowan Atkinson (by the way, cada uno de los chicos de Liverpool tuvo un Mini). Aunque hay quien cree que el Mini fue la respuesta británica al Volkswagen, ideado durante el gobierno hitleriano en 1937 para dotar a cada ciudadano de alemán de un coche asequible, confiable y eficiente que llenase elementalmente sus necesidades de transportación, en realidad el autito inglés es más resultado de la guerra fría que de un propósito dado y, si de réplica se trató, lo fue más contra otros ¿autos? germanos, como ya veremos…

El vehículo vio la luz cuando en el verano de 1959, British Motor Corporation (o BMC por sus siglas) lanzó el pequeño y barato Mark I Mini, que se convirtió inmediatamente en el más grande best-seller de los carros ingleses. Ocurrió que en agosto de 1956, el por entonces presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, que tenía lazos con el mundo comunista, nacionalizó el Canal de Suez en represalia a la congelación de fondos de Estados Unidos y de Inglaterra para la construcción de una nueva represa egipcia, y así Europa comenzó a experimentar carencia de gasolina. Con tal de palear la situación, Sir Leonard Lord, director de BMC, nacida de la reciente fusión de Austin y Morris en 1952, ideó la creación de un coche económico y eficiente.

El Mini Cooper usado por los Beatles en su “Magical Mistery Tour”.

Lord odiaba la invasión teutona de los tan de moda “coches burbuja” de entonces, el BMW Isetta 300 y el Messerschmitt Kabinenroller KR 200 entre otros, que sí fueron la contesta alemana al embargo petrolero árabe, llevando todavía más al extremo el concepto del VW en todo sentido. Por eso Lord, cuando ordenó la construcción del Mini dijo: “¡Ni una pulgada menos!”, exigiendo que el vehículo cupiera en una caja de 10x4x4 pies (3.0×1.2×1.2 metros), y que los pasajeros empleasen 6 pies de los 10 de largo de coche, lo que correspondía más o menos a 80% de la planta del vehículo. Para lograr ese milagro hubo de acudirse a soluciones revolucionarias, como ubicar el radiador lateralmente a la izquierda con tal de ganar espacio. Esto tenía la desventaja de que el sistema de ignición estaba más expuesto a la lluvia que se colaba a través de la parrilla delantera, y que el aire que el radiador tenía que refrescar, en parte había pasado ya por el motor, calentándose.

De modo que cuando rompió a la venta, de lo que podríamos considerar un auto normal de producción, el Mini fue el automóvil “normal” más pequeño del mundo, más chiquito aún que el Fiat 500 que debutó dos años antes que él. Y esa exigencia de talla quien tuvo que resolverla fue el inmigrante turco Alec Issigonis, estilista automotriz (su nombre completo era Alexander Arnold Constantine Issigonis; nació en 1906 y murió en 1988). Issigonis fue el elegido porque ostentaba en su haber el gran éxito obtenido con el diseño de otro coche inglés, el pequeño Morris Minor. El desarrollo del Mini comenzó bajo un gran secreto en 1957. El proyecto se conoció como ADO15, acronismo por Austin Drawing Office. El número 15 significaba el ordinal del proyecto.

En apenas dos años el vehículo materializó. El prototipo, conocido cariñosamente como “La Caja Anaranjada”, porque ése era el color que llevaba, fue presentado en octubre de 1957. Inmediatamente comenzó la producción en serie en las plantas de Longbridge, en Birmingham y Cowley, en Oxford. La versión de producción fue mostrada a la prensa en abril de 1959, y el 26 de agosto de ese mismo año Mini fue anunciado oficialmente al público. La primera unidad fue registrada como 621 AOK, y hoy se encuentra en exhibición en el Heritage Motor Centre en Warwickshire. Para entonces, unas 2 mil unidades ya habían sido exportadas a los mercados. En cuanto a Estados Unidos, el primer Mini se vendió a una familia de Arlington, en Texas, en el mismo 1959.

El producto final terminó con un motor convencional de BMC, de la Serie A. Era un 4 cilindros de 848 cc, que generaba un anémico puñado de caballos de fuerza, pero según fueron pasando los años, las cilindradas ascendieron a 970, 997, 998, 1071, 1098, y 1275 cc. Se enfriaba por agua, y estaba montado transversalmente. Mecánicamente hablando, Lord e Issigonis alejaron al Mini todo lo que pudieron de los conceptos de la ingeniería alemana de los minicars. La transmisión era manual, delantera, de 4 velocidades, pero en 1965 se ofreció automática por primera vez. Posteriormente, la manual ascendió a 5 marchas. La velocidad máxima: 115 kilómetros por hora, que son unas 72 mph. La suspensión, también distinta: en vez de muelles, empleaba conos de caucho, y no era lo mullida que su naturaleza supondría, sino todo lo contrario.

El vehículo fue un éxito instantáneo de ventas. Para 1960 se habían producido 1 millón 190 mil Minis.

Los aros de las ruedas, muy pequeños, Issigonis los plasmó en el tablero de dibujo de tan sólo 8 pulgadas. Para calzarlos con neumáticos, el diseñador contactó a Dunlop, pero la firma se negó a tan breve medida y dijo que lo menos que desarrollaría serían 10 pulgadas. De esa medida terminaron siendo los cauchos del flamante Mini. Acomodaba 4 pasajeros y aún reservaba un modesto espacio para equipaje detrás. La carrocería era modesta, aunque no podría decirse que fuese particularmente fea. El coche tenía dos puertas (o tres, si miramos así a la trasera para el tercio de carga como tal se considera en Europa), y los cristales de las puertas delanteras eran deslizantes horizontalmente. Esto posibilitó que los paneles interiores de las puertas incluyesen un modesto bolsillo.

El Mini Mark I debutante se vendió inicialmente por $800, y bajo dos nombres: Morris Mini-Minor, y Austin Seven. Ambos vehículos eran idénticos excepto por la parrilla, pero para 1962 se unificaron bajo Mini. Mas establecer ese nombre tuvo sus tropiezos legales, porque en los años 50 ya lo había usado Morris, y también el estrambótico triciclo inglés Bond de Sharp’s Commercials Ltd. Y aunque hemos estado citando al coche como Mini Cooper, en realidad este doble nombre lo adquirió como el apellido del marido después del matrimonio al producirse luego la versión deportiva creada por el fabricante de bólidos John Cooper (1923-2000). El vehículo fue un éxito instantáneo de ventas. Para 1960 se habían producido 1 millón 190 mil Minis.

Intrigado, Ford adquirió una unidad, que desmanteló, y llegó a la conclusión de que Mini perdía £30 por carro. En respuesta, sacó el Ford Cortina, más grande pero pretendidamente igual de económico. Mini sobrevivió, el Cortina, no. Pero con los años y a pesar de su popularidad, Mini empezó a dar traspiés, especialmente porque para 1994 su propietaria, Rover, estaba sufriendo pérdidas masivas, y ahí fue que comenzó el traspaso a BMW, que continuó fabricando cuatro versiones ahora bajo el nombre de MINI (lo mismo, pero en mayúsculas), a saber, el Classic 7; el Classic Cooper; el Sport, y el Knightsbridge.

El último Mini de una era, una unidad roja del Cooper Sport, salió de la línea de montaje el 4 de octubre del 2000 y fue obsequiado a la entidad British Motor Industry Heritage Trust, en diciembre de ese año. Hasta ese momento, se habían fabricado un total de 5 millones 387 mil 862 Minis. A pesar de la cantidad de Minis que se han fabricado, para sorpresa del visitante, que apostaría a que vería muchos en rodando aún en Inglaterra, en verdad no es así. Al año próximo de la clausura de la producción del que podríamos llamar el modelo evolutivo histórico de Mini, debutó el “nuevo”, en plena efervescencia de la onda retro, basado en el original, como ocurrió en 1999 con the new Beetle, y algunos otros coches nostálgicos de su diseño de cuna, sólo que mucho más grande y más capaz, y otra vez, como en sus inicios, fue un éxito en ventas.

 

 

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