La dictadura de Martín Vizcarra tiene un sentido del tiempo circular. La antipolítica y la biopolítica son los grandes timeos organizadores del régimen político, y la negación de la negación es la dialéctica que le da movimiento a pesar de su discontinuidad histórica. Una y otra vez, este proceso político actualiza la lógica nietzscheana del eterno retorno en cuanto a que el mismo acontecimiento se repite incluso en el mismo orden, tal cual, sin posibilidad de desviación. Tal circularidad provoca que la dictadura haya devenido en nihilista: Por la falta de un continuum histórico, pero también porque ha perdido el sentido político.

La historiografía de Michel Foucault, en parte, consiste en la ruptura de la continuidad. Se trata de acogernos a la lógica de lo continuo/discontinuo. El filósofo de la historia desgarrada nos enseña que: “La ruptura no es un tiempo muerto e indiferenciado que se intercale –siquiera fuese por un instante– entre dos fases manifiestas; no es el lapso sin duración que separe dos épocas y desplegase dos tiempos heterogéneos de una y otra parte de la fisura; es siempre entre unas positividades definidas, una discontinuidad especificada por cierto número de transformaciones distintas”. Nada más, y nada menos: Interrogar a la dictadura de Vizcarra respecto de su propia historia es hallar los puntos de inflexión que la hacen girar en círculo.

La genealogía nos permite establecer que el tiempo dictatorial de Vizcarra es, desde la gradualidad más y menos, así: 1) etapa más antipolítica – 2) etapa más médica y menos antipolítica – 3) etapa más antipolítica y menos médica, y preveo otra fase: 4) etapa de absoluta antipolítica y de absoluta biopolítica. Una mirada genealógica, que intenta construir el sentido de la coyuntura a partir de este mismo instante, nos revelaría que la dictadura va quemando hasta tres etapas: Una de naturaleza más pura, y dos de naturaleza más mixta. En el siguiente orden, por cronología y tipicidad. La primera: dictadura antipolítica, que abarca desde el 23 de marzo de 2018 hasta 30 de septiembre de 2019, entre la asunción de la presidencia de la república y la disolución del congreso de la república; dicha fase se distinguió por la hegemonía de un discurso contra la política, los políticos y las instituciones, así como por la posesión estatal de los cuerpos de los políticos a través de la figura penal denominada prisión preventiva y sobre todo por el suicidio político del presidente Alan García. La segunda: dictadura más médica y menos antipolítica, que abarca desde el 16 de marzo hasta el 30 de junio de 2020, entre el inicio y el final de la cuarentena; dicha fase estuvo signada por la epidemia del coronavirus, el confinamiento social, la criminalización y la tanatización de la pobreza, y la variación de la prisión preventiva en cuanto a que algunos políticos la deban cumplir en sus domicilios. La tercera, que es la actual: dictadura más antipolítica y menos médica, que se inició el 05 de julio de 2020 con el ataque y el contra ataque entre el dictador y el congreso de la república pretextando la figura de las inmunidades tanto parlamentaria como presidencial y de los altos funcionarios de Estado; esta fase se caracteriza principalmente por el regreso de la hegemonía del discurso antipolítico de inicios del régimen.

Preveo que la dictadura completaría su naturaleza circular con una cuarta etapa: La de una dictadura de absoluta antipolítica y de absoluta biopolítica. Su fecha de inicio no esperaría hasta el 12 de enero de 2021, coincidiendo con la normalidad de las inscripciones de las candidaturas presidenciales, sino que sería determinada cualitativamente por una dictadura para entonces devenida en hegeliana. Esta fase final, de resolución, sería la más extensa y la más cruenta al punto de convertir a nuestra política en un campo de batalla, y a nuestros políticos anti dictatoriales en agentes no trascendentes o en cuerpos posesionados.

La dictadura parece dirigirse al “gris” de la genealogía. Un gran analista político y genealogista de la coyuntura nacional, cierta vez me aconsejó: “Cuando en política das vueltas en trompo, lo mejor es parar”. No obstante, esta dictadura es incontenible, y es circular al extremo de dar un giro político completo. Hace tres décadas el Perú tuvo en el fujimorismo a una dictadura lineal, que ciertamente hizo avanzar la historia. Pero, en el vizcarrismo tenemos a una dictadura circular que nos hace volver al punto cero, y nos hace perder el tiempo.

JUAN ANTONIO BAZÁN

Juan Antonio Bazán (Pacasmayo, 16 de octubre de 1970Abogado y analista político. Profesor asociado de la Escuela Profesional de Ciencia Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En dicha universidad dicta los cursos de teoría política, análisis político comparado y análisis político de coyuntura. Ha realizado algunos estudios de posgrado: Doctorado en Derecho y Ciencia Política, Doctorado en Ciencias Sociales – Mención en Sociología, Doctorado en Filosofía, Maestría en Sociología – Mención en Estudios Políticos y Maestría en Escritura Creativa; y de pregrado: Derecho y Ciencia Política, Filosofía, y Educación – Mención en Ciencias Sociales. Se define como un tránsfuga que mantiene militancias vigentes en la derecha política, en el liberalismo económico y en la izquierda cultural.