Antes de que todo empezara, nadie imaginó que, durante casi un año, estaríamos sometidos a una agresiva cuarentena debido a la pandemia que cambió la normalidad en la que vivíamos e hizo prolongar nuestras libertades. Mi cumpleaños es festejado los siete de marzo de cada año y, por lo general, acostumbraba a reunirme con mis allegados.

Era lo usual, reír y comer a carcajadas en temporada de verano. Sin embargo, este año la pasaría encerrado y solo. Los motivos son conocidos. Al caer domingo y ser día de inmovilización obligatoria, festejaría mis treinta y dos años en la soledad de mi independencia.

Pero no todo fue negativo. Recibí los saludos y felicitaciones de mi familia y amigos, ellos se encargaron de sorprenderme. Mi agradecimiento fue grande, pues a pesar de la situación actual que atraviesa el país, muchos se tomaron el tiempo de saludarme. Los regalos y la comida empezaron a llegar y, con ellos, la noche. Ese día recordaba mis momentos de juventud en los que, sentado al lado de una amiga, nos imaginábamos antes de llegar a los treinta y cinco años. En ese tiempo añoraba cumplir una lista de metas y sueños; y me llena de satisfacción al darme cuenta de que una parte de ellas ya están cumplidas. Ese es el mejor regalo que he podido recibir.

Siempre hui de la política, sin embargo, llegué al cargo de regidor inesperadamente, lo cual emocionó a mis padres. Por eso me veo en la necesidad de hacer una reflexión sobre las próximas elecciones. Este mes nos toca elegir al candidato que llevará las riendas del país. Entre los dieciocho, no todos son los más aptos para llegar al poder, sobre todo con un país tan golpeado como el Perú. Criticamos a los postulantes a cargos públicos o a los que actualmente los tienen, pero somos nosotros quienes elegimos a aquellos que consideramos como el mal menor.

Si yo no estuviera en política, lo más probable es que mi interés sea el del común denominador. Pero, ahora que estoy adentro, deseo generar un cambio y no lo digo sin conocimientos previos. Considero que la política en nuestro país necesita ser conducida por jóvenes con nuevas formas de pensar, que sean capaces de actualizarse y fomentar una campaña de valores. Todo evolucionará con el tiempo.

Votemos de la manera correcta. Informándonos, averiguando, preguntado y acudiendo a la hora indicada. No nos dejemos persuadir por los que nunca sumarán al desarrollo del país y nos afectarán de manera directa. A modo de conclusión, me gustaría mencionar una frase que va acorde con nuestro contexto político: «In god we trust». No solo es cuestión de Dios, sino también de nosotros.

Columna publicada en la edición Cocktail °39